Las elecciones en Nicaragua han sido convocadas en un contexto internacional muy desfavorable para el candidato vitalicio del FSLN Daniel Ortega, quien está viendo ante sus ojos cómo los gobiernos aliados del llamado “socialismo del siglo XXI”, se desmoronan hacia adentro, es decir, hacen lo que científicamente se conoce como una implosión. La causa, a la vista de todos, es el fracaso estrepitoso de sus políticas económicas y el afloramiento de la corrupción rampante.
El ejemplo más dramático de este fracaso es el de Venezuela, cuyo mandatario, Nicolás Maduro, ha tenido que tomar medidas drásticas y contraproducentes para enfrentar la crisis económica y la escasez de los productos más esenciales, a pesar de que el país que está sentado sobre las reservas petroleras más grandes del mundo.
Maduro, quien podría estar enfrentando un referendo revocatorio en los próximos meses, ha decretado una semana laboral para los funcionarios públicos de únicamente dos días para ahorrar energía, la que se encuentra severamente racionada. Solo esta medida, deja mucho que decir de la productividad del sector público venezolano.
El influyente diario español El País, destaca en un reportaje publicado el sábado 14 de mayo, bajo el título Venezuela se desmorona: “Vivir sin agua y sin electricidad se ha vuelto una realidad cotidiana. Las empresas públicas tienen problemas para mantener suficiente agua en las reservas para evitar un colapso total de la red eléctrica. No tendría por qué ser así. Desde el 2009 se han destinado centenares de millones de dólares a construir nuevas plantas de energía a base de diésel y gas natural, cuyo objetivo era aliviar la presión sobre una red hidroeléctrica antigua. Sin embargo, buena parte de la capacidad nunca llegó al sistema y nunca se rindieron cuentas sobre el dinero, que fue desviado”.
Agrava la situación, el hecho de que nadie ha sido debidamente castigado porque existe allí una total impunidad ante los hechos cotidianos de corrupción.
Todos los analistas internacionales serios coinciden que los días del régimen de Maduro están contados. Una muestra es la velocidad con que fueron recogidas 1.85 millones de firmas en tan solo cinco días para dar inicio al proceso institucional del referendo revocatorio, cuando únicamente se requerían 197,000.
La semana pasada, por una inmensa mayoría, el senado de Brasil dio paso a admitir el juicio contra la presidenta Dilma Rousseff, quien fue suspendida por 180 días para enfrentar el juicio y reemplazada por el vicepresidente Michel Temer, quien ha prometido tomar medidas económicas correctivas para sacar a flote la economía brasileña que se encuentra en su peor crisis desde los años treinta.
El producto interno bruto (PIB) de la mayor economía de Latinoamérica se contrajo en un 3.8 por ciento en el año 2015 y expertos brasileños prevén que en el 2016 se contraerá un 3.45 por ciento, lo que marcaría la primera vez de dos años consecutivos de recesión económica desde los años de la gran depresión de 1930-1931.
En Argentina, el juez federal Claudio Bonadio ha encausado y embargado por un millón de dólares a la expresidenta Cristina Kirchner bajo el presunto perjuicio al Estado en operaciones cambiarias durante su mandato.
En Bolivia, Evo Morales perdió el referendo para que pueda aspirar a un tercer período presidencial. Todo indica que los astros se les están desalineando a Ortega, quien sin duda será postulado por séptima vez para la Presidencia de la República.
Internamente las cosas no lucen tan desfavorables para Ortega, porque la economía nacional mantiene su crecimiento de un 4.5 por ciento, pero todo esto podría ser un espejismo si continúa con la tendencia de nacionalizar la inmensa deuda que tiene Albanisa con Venezuela, pasando la cuenta a Petronic, tal como lo han advertido los economistas.
La oposición nicaragüense deberá concentrar sus cañones en temas propositivos que vengan a solucionar los principales problemas que enfrenta la población, como la grave crisis del agua, la educación, el desempleo o subempleo de nuestra juventud, la grave situación del INSS, la derogación de la Ley canalera 840 que trastoca la vida de miles de nicaragüenses y el no disimulado endose gradual al presupuesto, de la inmensa deuda petrolera asumida por una empresa privada y derrochada con fines populistas.
El autor es diputado de la Bancada Alianza PLI y presidente de la Comisión de Turismo.