Humberto Belli Pereira

No basta gastar más

La educación nicaragüense no podrá mejorar si no mejoran sus docentes. Como reflexionábamos recientemente, ellos son el factor que más influye en la calidad de la enseñanza. Si nuestros estudiantes están aprendiendo poco, como lo demuestra la inmensa proporción de los que fracasan en las pruebas de admisión universitarias, es, en buena parte, porque sus docentes son muy deficientes. ¿Cómo mejorarlos?

Las recomendaciones más comunes suelen ser pagarles más —“Hay que gastar más en educación”, se dice— o “hay que dotar a nuestros docentes de mejores herramientas pedagógicas”. Frases que todo el mundo esgrime pero que ignoran un hecho sumamente inquietante: que, en muchos países, incluyendo Nicaragua, aumentos significativos de los salarios y las capacitaciones no han conducido a mejoras significativas en la calidad de la enseñanza.

La razón de esta aparente incongruencia es que tanto los mejores salarios como las capacitaciones, dejan de incentivar el desempeño si no van acompañados de otros factores. Para entenderlo imaginemos el caso de dos profesores: Jacinto y Guillermo: el primero falla casi la mitad de sus horas de clases y solo dicta. El segundo nunca falla, a pesar de la dureza del camino, y motiva a sus alumnos a que discutan y pregunten. Los pupilos del primero aprenden poco y desertan mucho. Los del segundo aprenden mucho y finalizan el año. Pero ambos ganan lo mismo. El año entrante ningún supervisor o delegado del Ministerio de Educación pondrá atención alguna a la negligencia del primero o a la diligencia del segundo. Ambos recibirán un incremento igual, por razón de antigüedad.

Siguiendo con el ejemplo: a la hora de las capacitaciones Jacinto estará distraído y fallará algunas sesiones. Guillermo tomará atentamente notas sin perder ni una clase. Como resultado de esto la enseñanza del primero seguirá igual y la del segundo mejorará, pero ambos seguirán ganando lo mismo… hasta que se jubilen. Si en el camino se da un buen aumento salarial para todos, Jacinto se frotará las manos de contento, pero sabiendo que puede seguir fallando clases y capacitaciones, como antes, sin que nada ocurra.

El ejemplo no es ficción. Así está diseñado el sistema. De acuerdo a la actual Ley de Carrera Docente los aumentos dependen únicamente del título obtenido y de la antigüedad —aunque cada año sea peor la calidad de su enseñanza—. Pues la ley, que tiene entre sus fines “garantizar la estabilidad del docente en el desempeño de su cargo” (art. 3; 5), no contempla causales de despido ligadas al mal desempeño. La única es haber cometido un delito “que haya causado condena firme de los tribunales” (art. 25; 5).

Se trata pues de un marco legal diseñado para promover la mediocridad; injusto además para el buen docente, a quien no se recompensa su esfuerzo adicional, e injusto para la niñez, a quien se condena a sufrir las consecuencias de una mala enseñanza.

Evidentemente hay que pagar más, mucho más, a nuestros docentes, y procurarles las mejores capacitaciones posibles. Pero para que surta efecto debemos hacer las tres cosas que sugería Josefina Vigilo en la película Sueños de Birrete: incentivar salarialmente a los mejores, asistir con capacitaciones a todos, y retirar a quienes no quieran aprovecharlas. Lograrlo exige introducir evaluaciones del desempeño docente, como se acaba de hacer en Méjico, a pesar de la oposición sindical, y reformar la actual Ley de Carrera Docente.

Son medidas que hasta el momento ningún candidato político ha sugerido pero que debemos apoyar si queremos que nuestros docentes mejoren y nuestra niñez salga de su asfixiante mediocridad educativa. De lo contrario podremos gastar más sin conseguir más.

El autor fue ministro de Educación en el gobierno de doña Violeta.
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Opinión educación Nicaragua archivo
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