La ciudad de Granada respondió a las expectativas de lo que es una final de beisbol profesional. Desde horas tempranas de la mañana la fila por comprar un boleto para entrar al Estadio Roquet Tadeo Zabala era una locura, sin embargo eso no impidió para el estadio llenara su capacidad.
Revendedores por todos lados, las entradas que costaban 50 córdobas estaban en 70, el palco valorado en 100 en manos de la reventa estaba en 150 y el palco preferencial con un precio oficial de 300 córdobas en 400 y 500.
La Gran Sultana estaba vacía en sus alrededores, en total se estima que el estadio estaba colmado por unas 6,000 personas, mientras que los fanáticos rivenses arribaron en dos buses con unas 100 personas.
Las ventas de quesillos, de vigorón y las famosas vuvuzelas no se hicieron esperar en las afueras. También se pudo observar mucha presencia de la Policía Nacional y mucho orden en la entrada principal del estadio.
Los fanáticos granadinos desde antes que empezara el partido, cuando los jugadores todavía calentaban estaban animados con los “Chicheros”, parecía una fiesta patronal en medio de las tribunas, con la única diferencia que el deporte rey era quien unía a una ciudad.