Para apreciar la importancia que adquirieron las variables asociadas a la cooperación de – el crédito petrolero, las exportaciones a ese país financiadas por Albalinisa y la inversión en plantas eléctricas y en la Fase I de la refinería – considere que estas llegaron a representar, en promedio el 13.7 por ciento del PIB en 2011-2014.
En ese mismo periodo, el crédito petrolero y la inversión directa de Venezuela financiaron, en promedio, el 60.7 por ciento del déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos. Sin embargo, de acuerdo con el Banco Central de Nicaragua, al mes de Octubre de 2015 la importación de petróleo y derivados desde Venezuela se había reducido en 59.8 por ciento con respecto a la importación acumulada a Octubre de 2014, al pasar de un monto de 908.7 millones de dólares a octubre de 2014 a solo 365.3 millones de dólares a octubre 2015.
Detrás de esta caída se encontraría el derrumbe en el precio internacional de los hidrocarburos – el valor de las importaciones no solo depende del volumen importado, sino también de los precios -pero también las dificultades del país suplidor de cumplir con los embarques contratados. Al mismo tiempo, se redujo drásticamente el porcentaje que representan las importaciones de hidrocarburos desde Venezuela, en comparación con las importaciones totales de petróleo y derivados del país.
Lo que significa este colapso en la importación de hidrocarburos desde Venezuela, es que se habría producido una reducción, en una proporción equivalente, de la denominada cooperación petrolera. Recuérdese cómo funciona la denominada cooperación petrolera. El petróleo y derivados importados de Venezuela se comercializan en el país – se venden a empresas mayoristas, a las plantas generadoras, a los distribuidores de gas licuado y a las cooperativas de transporte – con lo cual se recupera el valor de los hidrocarburos importados.
Luego, un 50 por ciento del monto resultante de la comercialización se transfiere a Caruna, bajo la forma de un crédito a pagar en un plazo de 25 años y a un interés del dos por ciento, un 62 por ciento del cual se destina a inversiones lucrativas y un 38 por ciento a financiar los denominados programas sociales. El restante 50 por ciento de la factura pagada es transferido a Albalinisa para que esta empresa compre alimentos – carne, café, azúcar, frijoles – para ser exportados a Venezuela.
Hace solo algunos meses algunos analistas estimaban, siguiendo al FMI, que la cooperación petrolera habría explicado hasta dos puntos porcentuales de la tasa de crecimiento económico observada en Nicaragua en los últimos años. Esta estimación parece razonable, dada la magnitud que llegó a adquirir la cooperación de Venezuela. La modalidad de pago descrita de la factura petrolera habría contribuido a incrementar la tasa de crecimiento económico por dos vías:
a) El 50 por ciento otorgado como crédito a Alba-Caruna habría contribuido al incremento de la demanda agregada de consumo e inversión y, aunque una parte seguramente se ha filtrado al exterior, la parte remanente habría impulsado la actividad económica interna.
b) Gran parte del otro 50 por ciento que es pagado de inmediato a PDVSA se ha reciclado, a través de Albalinisa, hacía la compra de productos agropecuarios, incrementando las exportaciones e impulsado también el crecimiento de la economía. A ello debería agregarse el impacto sobre la tasa de crecimiento económico de la Inversión directa extranjera de Venezuela en plantas de generación eléctrica y en el proyecto de nueva refinería. En consecuencia, esta caída tan fuerte en el monto de la cooperación petrolera podría tener como resultado la desaceleración de las tasas de crecimiento económico, sobre todo si la misma no se compensa más plenamente con una importante reducción en las tarifas eléctricas y en los combustibles.