Hace más de tres años —en septiembre de 2012— el comandante Daniel Ortega firmó un memorando de entendimiento con Wang Jing y su empresa HKND allanando el camino para encomendarle a Wang la construcción de un Canal Interoceánico en nuestra patria. El Canal sería una de las obras de ingeniería más ambiciosas del mundo, superando —y por mucho— a la ampliación del Canal de Panamá que ya estaba muy adelantada.
Reconociendo que el aspecto ambiental sería toral para el proyecto, HKND contrató los servicios de ERM para estudiar las dimensiones ecológicas y sociales del Canal. ERM es una connotada firma británica con una sólida reputación en el campo del medioambiente.
En junio de este año, ERM completó su Estudio de Impacto Ambiental y Social (EIAS) para el Canal. Aunque no he tenido acceso al estudio completo, leí el resumen ejecutivo del EIAS. Es extenso. Cuenta con 113 páginas que incluyen un análisis escrito de las consecuencias ambientales y sociales del proyecto complementado por fotografías, mapas, cuadros y un plan de acción para atenuar los peligros que el proyecto enfrenta en los ámbitos que le competen a ERM, principalmente el del medioambiente pero también el social.
En el introito del resumen, ERM marca su territorio. Afirma que no pretende ser ni abogado ni opositor del proyecto sino que ofrecerle al lector un análisis independiente y científico que examina si se puede proceder con este proyecto sin un “impacto neto negativo” al medioambiente y el tejido social de la nación. A mi criterio, ERM cumplió su misión.
Un ejemplo de la imparcialidad del EIAS, por ejemplo, es que reconoce que un proyecto canalero, bien concebido y cuidadosamente construido y administrado, podría ser beneficioso para el medioambiente a como ha sido el Canal de Panamá. Pero lograr esto requeriría la aplicación de las mejores prácticas internacionales y un esfuerzo continuo por parte de HKND y el Gobierno.
Mi propósito en este ensayo no es detallar todo lo que se dice en el extenso resumen ejecutivo. Es de destacar algunas de sus conclusiones más importantes y subrayar lo arriesgado que sería la construcción del Canal. Algunas de estas conclusiones están claramente articuladas por ERM. Otras se encuentran leyendo entre líneas, a como uno tiene que hacer en documentos que utilizan jerga técnica o formulaciones diplomáticas. ¡Después de todo, ERM realizó este estudio para HKND, cuyo objetivo es justificar la construcción del Canal! A continuación está mi resumen del resumen.
Primero, el EIAS reconoce que hasta la fecha el proyecto no se ha manejado con suficiente transparencia y que esto debería de cambiar. Recomienda que el EIAS sea divulgado más ampliamente no solo en las áreas directamente afectadas por el eventual Canal sino que con la población nicaragüense en general y con la comunidad internacional. Aparentemente esta recomendación ha calado porque HKND recientemente colgó el resumen del EIAS en su página web. Esto es un paso hacia adelante.
Segundo, el resumen admite que no puede comentar sobre la viabilidad económica y financiera del proyecto porque HKND ha mantenido esta información confidencial. Afirma, además, que los otros estudios de diseño e ingeniería están en una etapa muy preliminar y que, por ende, el proyecto está repleto de riesgos e incógnitas.
Tercero, en vista de esta situación, estudios adicionales de preinversión se necesitan, incluyendo en el área ecológica, para evaluar los riesgos importantes al medioambiente y recomendar acciones para mitigarlos. En buen cristiano, ERM nos está diciendo que el proyecto aún está “en pañales” y que es ilusorio pensar que se podrá cumplir con el calendario que HKND y el Gobierno han manejado: que construir el proyecto tomaría solo cinco años y que entraría en operación en 2019.
Y, cuarto, ERM concluye que ni HKND ni el Gobierno tienen la experiencia ni capacidad para ejecutar un proyecto de la magnitud del Canal. Por eso recomienda que busquen el apoyo de instituciones como el Grupo del Banco Mundial y el BID para asesorarlos en un proyecto que se realizaría en áreas sensibles como el Corredor Biológico Mesoamericano y la Reserva Indio Maíz al igual que en tierras indígenas y en el lago Cocibolca. En su versión en inglés, que es la que yo analicé, estas áreas normalmente serían consideradas “no go zones” (zonas intocables) por su fragilidad social y ecológica. Prueba de esto es que la construcción del Canal requeriría el traslado de la última comunidad donde se habla Rama, ¡un idioma en peligro de extinción!
Podría continuar. Entre muchos otros hallazgos ERM recomienda estudios para medir (i) el riesgo presentado en el tramo occidental del Canal por actividades sísmicas y (ii) el impacto en el Gran Lago del dragado, la introducción de salinidad y el riesgo de que el flujo del lago al Río San Juan sea reducido por el Canal. También concluye que sin acciones enérgicas y continuas de HKND y el Gobierno para defender al medioambiente, ni siquiera la Ruta Cuatro del Canal —la única que podría ser viable— tendría el impacto neto positivo para el medioambiente que justificaría su construcción.
Quizás lo que más impacta del EIAS es el pésimo desempeño de nuestro país para proteger los bosques en el sureste de su Costa del Caribe. Según ERM, en los 28 años entre 1983 y 2011, esta región ha perdido el 40 por ciento de su cobertura forestal. Esta cifra es preocupante. Pero más alarmante aún es que fue mayor el despale en los últimos dos años de este período que en los 26 años anteriores ¡combinados!
El estudio ERM no da una luz verde para proceder con el Canal aunque fuese financieramente viable, que considero improbable. Tampoco enciende una luz roja. Nos da una luz amarilla que nos advierte que el proyecto enfrenta enormes desafíos que, de no manejarse con cuidado y seriedad, podrían ser catastróficos para Nicaragua.
¿Tendrán Wang y el Gobierno la capacidad y la voluntad para enfrentar estos desafíos y superarlos? ¡Esa es la pregunta no del millón sino de los US$$50 mil millones!
El autor fue canciller de la República
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A