La innovación ha sido definida como la conversión de las ideas y el conocimiento en un producto final o en una nueva metodología que tenga como resultado la transformación de una empresa, institución, y por supuesto la sociedad. Pero actualmente ya no buscamos cualquier tipo de innovación, pues no basta con la producción de maquinaria que realice actividades operativas en los procesos de producción, sino también la creación de elementos intangibles dirigidos a responder a las demandas de la sociedad.
Sociedad que tampoco es la misma a la de hace unos años atrás, y que es ahora representada por la exigencia no solo de información y conocimiento, sino de creación. Y es que a lo largo de la historia, la sociedad ha demostrado ser naturalmente cambiante, y que ha ido evolucionando con base en sus propias necesidades.
A partir del nacimiento del internet, iniciaron los cuestionamientos sobre continuar llamando a la sociedad de la época como Sociedad Industrial, pues los individuos se dieron cuenta que ya no era suficiente la producción en masa en el menor tiempo y esfuerzo posible, sino que ahora surgía un nuevo elemento que marcaría el desarrollo de las décadas venideras: la información.
Sin embargo, a medida que incrementaba el acceso a internet y medios de comunicación masiva, paradójicamente la sociedad se dio cuenta que ya no bastaba la obtención de información, si esta no era transformada y reinventada en conocimiento.
No es secreto para nadie que existen aún históricas deudas con los sectores más desfavorecidos y vulnerables de la sociedad, situación que es siempre recordada en todos los informes a la Organización de Naciones Unidas sobre el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que en el año 2000 todos los países miembros de esta organización se propusieron alcanzar para el 2015, pero que es evidente, que a pesar de los extraordinarios esfuerzos de los países, sigue siendo insuficiente.
Entonces surge la interrogante, ¿de qué sirve la transformación de la información en conocimiento, si este no es convertido en creatividad? Y es este precisamente el principio de la ahora llamada Sociedad de la Creatividad, donde el éxito de los individuos es medido no solamente por su capacidad de pensar sino por su capacidad de crear, respondiendo a los históricos problemas que aquejan la sociedad, o incluso aquellos que surjan repentinamente; recordándonos de esta manera a todos, que desde que dejamos atrás la Sociedad Industrial, el centro de desarrollo dejó de ser la maquinaria, sino el ser humano en su propia capacidad de pensar, reflexionar, informar, conocer, imaginar y crear soluciones innovadoras.
Así pues, la Sociedad de la Creatividad nos recuerda nuestra responsabilidad como individuos y ciudadanos del siglo XXI, de abrir las puertas a las bondades que nos ofrece la era tecnológica, reconociéndola como una oportunidad extraordinaria para participar activamente como agentes promotores del cambio en nuestras propias familias, comunidades y países, destacando la importancia de las palabras expresadas por el filósofo austríaco Peter F. Drucker, “la mejor manera de predecir el futuro, es creándolo”.
La autora es Coordinadora del Programa de Voluntariado de Fundación Zamora Terán.
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