Carmen Grau Vila

Un banco a pasos de gigante

China da un paso más en el nuevo orden mundial. Lo hace creando un banco para poblar de infraestructuras la región asiática. El nuevo Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII) no debería sorprender al mundo. China ha ido pavimentando su ascenso en la escena global a pasos de gigante. A principios de siglo el mundo observaba de reojo a la fábrica del mundo. Una década después el país asiático adquiría parte de la deuda pública de una Europa en crisis. A fecha de hoy es el mayor prestamista de Latinoamérica. Situarse como nuevo actor financiero es el paso siguiente en su carrera hegemónica. Tras buscar mayor influencia en el Banco Mundial, el Banco Asiático de Desarrollo o el Fondo Monetario Internacional y no obtenerla ha decidido abrir una vía propia. La creación del Nuevo Banco de Desarrollo Brics el año pasado ya apuntaba en esta dirección. Ambos bancos surgen de la necesidad de China de convertirse en el centro logístico de nuevas instituciones multilaterales.

Si bien el banco de los Brics se basa en el desarrollo de los países emergentes y da la impresión de aglutinar distintos signos políticos entre sus miembros, el BAII centraliza los esfuerzos en el continente asiático, va guiado por mandato chino pero llama a la multipolaridad. China se ha apresurado a aclarar que esta reciente institución no trata de competir con las ya existentes sino servir de refuerzo en una región necesitada. Véase aquí la aplicación del pensamiento tradicional chino. En el Yin-Yang no hay rivalidad, solo complementación. De hecho, el Banco Mundial acoge la propuesta con entusiasmo y ya habla de cooperación conjunta.

La creación del BAII es un claro ejemplo de estrategia geopolítica. La actitud reticente de los Estados Unidos (EE.UU.) no ha evitado que 57 países se hayan sumado. Poco más de la mitad son asiáticos, muchos europeos corrieron a unirse en el último momento, Brasil desde Latinoamérica, Suráfrica y Egipto de África. Grandes economías como EE.UU., Japón, Canadá o México no se han unido. La multipolaridad está servida. Asia será centro de inversiones en este nuevo escenario y la región saldrá reforzada.

Si la China dinástica velaba por la armonía global y legitimaba el poder apelando a la moralidad, milenios después la China moderna tampoco busca una confrontación internacional. No se impone sino que logra alianzas económicas sin inmiscuirse en los asuntos internos de los estados. Y cuando abre la puerta a la multipolaridad no puede evitar situarse como actor principal. Esa posición central que destila su búsqueda de hegemonía recuerda al antiguo sistema sinocéntrico donde China tejía una red en torno a reinos vasallos. Pero en las relaciones internacionales actuales solo hablamos de socios comerciales o fundadores.

El BAII responde también a un doble objetivo interno. De lograr que la divisa de referencia en la institución sea el yuan y no el dólar se estará allanando el camino para la internacionalización de la moneda china. Además, los proyectos en la región servirán de vía de escape para las empresas chinas de infraestructuras. Con un mercado doméstico cada vez más saturado, operar en Asia beneficiará su economía al mismo tiempo que reforzará influencias en el escenario natural por excelencia de China.

En cuanto a posibles efectos del BAII en Latinoamérica, según afirma el propio banco el ámbito de actuación preferencial será Asia. Sin embargo deja la puerta abierta a la inversión en zonas del mundo que repercutan en este beneficio. Dicho esto, el margen de interpretación es amplio puesto que incluso el canal de Nicaragua podría incluirse. Pero es solo una conjetura ilustrativa y de momento el BAII deberá demostrar su gobernanza en Asia. Quizá el banco de los Brics con Brasil como miembro fundador le otorgue mayor visibilidad a Latinoamérica. No olvidemos finalmente los efectos multilaterales: con diversos actores influyentes y mayor polarización aparecen más opciones a la hora de buscar alianzas o financiación para el desarrollo. Pero cuidado, estos nuevos bancos no plantean un modelo capitalista de desarrollo distinto al anterior, sino una nueva era. La dimensión ambiental y social seguirá supeditándose al desarrollo económico. En este aspecto el gigante asiático no avanza tan rápido.

La autora es periodista y especialista en Asia Oriental

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