Cuatro partidos y movimientos políticos y siete organizaciones de la sociedad civil de Nicaragua, hicieron llegar al secretario general de la OEA, Luis Almagro, una carta en la cual le piden que se interese ante el quebrantamiento de la democracia en el país y para que las elecciones del próximo año sean justas y limpias.
Las organizaciones políticas y cívicas nicaragüenses le han recordado al secretario de la OEA, que la misión de observación electoral de ese organismo hemisférico hizo recomendaciones muy importantes después de las elecciones de 2011, cuya transparencia fue puesta en duda por los organismos internacionales y la oposición nicaragüense las denunció por fraudulentas.
El cumplimiento de esas recomendaciones es de “ejecución indispensable para asegurar transparencia, limpieza y legitimidad del próximo proceso electoral”, dicen los firmantes de la carta entregada al secretario general de la OEA, en referencia a las elecciones de 2016.
Los organismos cívicos y políticos nicaragüenses invocan el compromiso de la OEA con la Carta Democrática Interamericana, en cuanto a que “la democracia es esencial para el desarrollo social, político y económico de los pueblos de las Américas” y le son inherentes “el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales; el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al Estado de derecho; la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo; el régimen plural de partidos y organizaciones políticas; y la separación e independencia de los poderes públicos”.
Ciertamente, estos compromisos fundamentales obligan a la OEA a atender la petición de los representantes de los nicaragüenses demócratas y a pronunciarse por la celebración de elecciones justas y limpias en Nicaragua. El interés de los líderes democráticos de Nicaragua, según dicen en su carta a Almagro, es que los ciudadanos nicaragüenses “tengan la certeza de que las elecciones son un método adecuado para dirimir la conflictividad en torno a la posesión y ejercicio del poder por parte de una fuerza política, cualquiera que esta sea”.
Pero no solo por el compromiso de la Carta Democrática Interamericana, la OEA tiene obligación de actuar en pro de la celebración de elecciones diáfanas en Nicaragua. También los Acuerdos de Esquipulas II, suscritos por los presidentes de Centroamérica (incluyendo a Daniel Ortega) en agosto de 1987, determinaron el compromiso internacional de ayudar a establecer la paz firme duradera en Nicaragua y toda América Central, por medio de una auténtica democratización que debía incluir la celebración periódica de elecciones libres y limpias.
Los Acuerdos de Esquipulas siguen teniendo vigencia, pero son violados flagrantemente por Daniel Ortega, que en su afán de perpetuarse en el poder ha socavado las instituciones democráticas y sustituido las elecciones justas y transparentes, con descarados fraudes electorales. No solo los nicaragüenses, sino también la comunidad democrática internacional, tienen que obligar a Ortega a cumplir los mandatos de los Acuerdos de Esquipulas y de la Carta Democrática Interamericana.