Sergio N. Boffelli

La corrupción sistémica

Entre grupos de poder en Nicaragua, de ciertos asuntos no se habla. Es parte de su código. Metafóricamente, algunos personajes se asemejan a los del lejano Oeste. Portando sendas pistolas amagan con miradas de advertencia. O de complicidad, vaya usted a saber. El mensaje a coro: poseen información que compromete. Mientras nadie abra la boca, no habrá balacera.

Enrique Bolaños los invitó a disolverse, pero no aceptaron. En 2001, y el 10 de enero del 2002, insistió: “Tenemos que vencer los grandes vicios que han caracterizado históricamente nuestra sociedad, la corrupción, la perversión en el uso del poder y el caudillismo… Tenemos que romper con esa historia y tradición”.

Supongo que usted conoce al menos parte de la historia. Con tantos intereses en juego y acomodadas versiones, no todo ha sido dicho. Lo público es que entre 2002 y 2003 la Procuraduría General de la República (PGR) recibió denuncias de corrupción e impulsó investigaciones que constan en reportes de la institución, Policía Nacional, expedientes judiciales y algunos medios de comunicación.

Las acciones de la PGR fueron, para muchos, tierra abierta a sus pies. Comparados a cometas, sus colas eran anchas, largas, arrastrando incontables desperdicios. Si se necesitan dos para bailar tango, estos bailaban —por docenas— al ritmo de la Macarena. Nicaragua manoseada, como ahora, por malos hijos.

¿Recuerda los casos Canal 6, camionetazos, checazos, terrazas, Chinampa, vaquillas, tarjetazos, gastos confidenciales…? ¿Y la Huaca 2, con recorrido de más de mil millones de córdobas? Esos fueron los conocidos. Había más. La corrupción resultó ser sistémica. El Estado, víctima indefensa.

Para los expertos, este tipo de corrupción es producto de aventajados políticos aliados a capital inescrupuloso, instituciones sometidas y ciudadanos que no comprenden el beneficio de la honestidad. Las emergencias (hambrunas, huracanes, terremotos, sequías, plagas, inundaciones…) resultan convenientes para justificar rápidas contrataciones y desembolsos. Inciden empleados públicos mal pagados y sin calificaciones necesarias, sector privado que teme a la competitividad, ausencia de la justicia y una ciudadanía desmoralizada.

En aquél entonces, al apretar el gigantesco absceso, miembros de la Unidad de Investigación (UI) de la PGR recibieron amenazas, calumnias, trampas y acusaciones falsas. Quienes las lanzaron, al final y a regañadientas tragaron sus propias palabras, como consta en el tardío y poco conocido informe ARP-01-019-07 de la Contraloría General de la República (CGR).

Bolaños quiso acabar con la parranda y heredar un mejor país. A pesar que los cowboys desenfundaron y lo desarmaron, tiene mérito extraordinario. Ningún otro presidente lo intentó tan resuelto. Pero Daniel Ortega comprendió que si la campaña anticorrupción tenía éxito, él sería el próximo en el banquillo. Y claro, si Arnoldo Alemán le había regalado el porcentaje para ganar la presidencia en primera vuelta, bien valía rescatarlo para moler al PLC y tras la división liberal llegar al poder.

La PGR fue descabezada a finales de 2003. Influyó: 1.- La corrupción sistémica, que señalaba a tantos. 2.- La UI estaba capacitada y comprometida a escarbar todo. 3.- La mutua protección de los caudillos y la complicidad de sus aliados. 4.- Por lo visto, funcionarios del entorno presidencial deseaban controlar la PGR, lo que generó conflictos y desconfianzas. 5.- Al final, la PGR fue infiltrada. 6.- A falta de estrategia integral, se desaprovechó el respaldo popular e internacional.

La campaña anticorrupción —la pública y menos pública— debe ser conocida por todos, y referencia para el próximo que intente romper “la corrupción, la perversión en el uso del poder y el caudillismo…”, reconociendo que, además de la acción penal, requiere un cambio de mentalidad y cultura en todos los niveles.

El autor fue vocero de la Procuraduría General de la República, 2002-2003.

Opinión

COMENTARIOS

  1. Luis Masís
    Hace 11 años

    La corrupción es sistémica, es decir, corroe hasta la forma de pensar de muchos: si es de mi partido, puede violar vilmente la Constitución y la leyes y parte sin novedad. Bolaños tuvo el mérito de intentar frenar la corrupción material, ahora tenemos una corrupción mucho más dañina, la de robar votos, algo tan inmoral. Si robar dinero, algo material, es detestable, cuanto más cuando se manosea el derecho humano innegable para todos por igual: el de elegir y ser electo.

  2. ramon
    Hace 11 años

    La corrupcion como sistema de gbno,donde quiera q’vallas ahi la encontras,a nivel nacional,departamental y municipios,se refleja aun mas cuando el poder se absolutiza,cuando ud vea q’un puesto no se quiere abandoner por x-persona ahi esta la corrupcion,su pensamiento es hasta racional,se pregunta porq’irme si aqui esta el chorro y no es miedo a quedar en el desamparo,es miedo a perder el chorro de beneficios cuantificado en monetta,sin duda la base del sistema»Republica Bananera»tropico…

  3. juan perez
    Hace 11 años

    El gobierno de bolaños fue tan corrupto como cualquier otro. Todos los ministros de este payaso, se dejaban comprar, y participaban en chanchullos. Ejemplo vivo de esto, el tal ministro del trabajo, que elimino cienes de sindicatos, en complicidad con liberales, sandinistas, es decir, cualquiera que le diera money!!! Eso es lo que se recuerda de bolaños.

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