Celebró la publicación de Desde el espinazo de la noche, del poeta matagalpino Daniel Ulloa (1973), porque es un libro que renueva mi fe en la poesía construida para perdurar, cargada de un lenguaje escéptico despojado de cualquier sentimentalismo y destinada a crear nuevos rumbos estéticos en un país, por lo general, estancado en lo de siempre, producido por personas más interesadas en la fanfarria que en la calidad de lo que publican.
El poemario de Ulloa, publicado acertadamente por el CNE, nace de una sensibilidad alemana, traspasada por un admirable conocimiento de la literatura de su país nativo, sobre todo de Darío y Carlos Martínez Rivas que, según el narrador de Ulloa, “a través de los siglos se saludan como gallos de pelea”.
Desde el espinazo de la noche es el fruto de la unión de una pareja perfecta e imposiblemente enferma e infernal muy del siglo XIX (la década de 1850 para ser más exacto), Ishmael y Aurelia. Ishmael es el protagonista del mismo nombre que narra en primera persona la que es considerada por muchos la mejor novela de los Estados Unidos, Moby-Dick de Herman Melville. El nombre Ishmael en la biblia se asocia con los marginados y los exiliados. En la novela de Melville, es el único sobreviviente de la tripulación del Pequod, barco hundido por la locura de su capitán y una ballena tan grande en su blancura indefinida como “los vacíos sin corazón y las inmensidades del universo”.
¿Y Aurelia? Es la creación de Gérard de Nerval (el célebre autor francés que se suicidó en París en 1855), que para el poeta mexicano Xavier Villaurrutia es “el más romántico de los poetas del Romanticismo francés y el más y mejor penetrado por el Romanticismo alemán”. Aurelia, la amada muerta de la novela corta de Nerval, sigue habitando los aposentos desordenados y las calles sucias de la mente del hombre que no acepta su ausencia y la sigue buscando y conversando con ella en su realidad alucinada. El poemario de Ulloa comienza con un grito de Aurelia dirigido a Ishmael: “¡Contéstame cabrón!”
En Moby-Dick, Ishmael afirma que decidió zarpar y exponerse a toda la incertidumbre del mar y la caza de ballenas en los puntos más remotos del globo como una alternativa a su depresión. Es decir, en vez de suicidarse, es arrojado al mundo como dice Ulloa en Poema en fuga. En vez de pegarse un tiro, cuenta su historia en una novela o en el caso de Desde el espinazo de la noche, en una serie novelística de poemas. Ulloa le dedica el libro a su amigo Francisco Ruiz Udiel, que se quitó la vida el 31 de diciembre de 2010, y lo reconoce como co-editor de los poemas que constituyen el libro. El resultado es una colaboración magnífica e irrepetible en que, de repente, uno atisba una angustia sorprendentemente fría que se destaca, por ejemplo, en el poema Lo importante:
Ayer quise quitarme la vida,
pero antes de cercenarle algo al tiempo
sentí el deseo humilde de irme por las ramas
y cultivarte este poema con sufrida pobreza.
He hablado de un estado psicológico alemán que impregna las páginas del poemario que inevitablemente me ha conducido como lector a tragedias recientes que quizás, al final, son incomprensibles. Me refiero al co-piloto Andreas Lubitz de Germanwings que decide suicidarse y matar a la vez a las otras 149 personas a bordo del avión. Es extraño pensar en la transformación tan lejos de la ingenuidad y tan cerca ahora a lo patológico al final del poema “Metamorfosis” con esa mención de un “asesino en serie”:
Y lo más seguro es
que me sienta cansado de mí,
desde muchos ángulos,
desde un mutismo que anula al universo,
a mis ganas de sentir,
y lo más seguro es que
antes de que caiga el sol
haya mudado de instintos
y hasta me salgan alas.
Agitada
En el penúltimo poema de Desde el espinazo de la noche, el narrador pregunta de manera escalofriante “¿Por qué no soy un asesino?” Es posible que la respuesta sea la misma poesía, milagrosamente salvadora, que cualquier lector puede encontrar al adentrarse en este mundo perturbador y convincente que ha creado Daniel Ulloa.
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