Recientemente el licenciado José Esteban González Rappaccioli publicó en el Diario LA PRENSA, en la tan leída página de Opinión de este rotativo, un artículo cargado de disyuntiva titulado “el Gran Canal oportunidad o pesadilla”.
En realidad el trasfondo del artículo fue dejar sentada la necesidad y la oportunidad de construir un Canal Interoceánico que estuviera sujeto a la plena soberanía del país actuante y a una serie de condiciones, cláusulas indubitables, derechos bien delimitados, así como las obligaciones y deberes correspondientes a cada parte contratante, privilegiando en su escrito la posibilidad de que el Canal fuera construido y respondiese a los más preclaros intereses de los pueblos americanos, a título de gran conservación.
Dentro del repaso histórico que muchos intelectuales han hecho sobre quiénes han sido los países y los interesados en construir y poseer un Canal Interoceánico, ha quedado demostrado que este proyecto, ejecutado y planeado entre el ilegítimo gobierno de Nicaragua y un desconocido ciudadano chino, representante de una aún más desconocida empresa china (HKND), es totalmente rechazado en términos totales por una buena parte de la población nicaragüense desde los que viven en los alrededores de la zona afectada donde se piensa construir el Canal, hasta los que se encuentran a gran distancia dentro del disputado territorio nacional, entregado vergonzantemente al colonialismo chino.
Producto de esta situación, lo más insólito ha sido la antisoberana actuación del Ejército y la Policía Nacional, cuyos miembros empujados por sus jefes y cuadros superiores se han dedicado a vulnerar los derechos y estatus de humildes ciudadanos nicaragüenses que, de una forma u otra, se oponen a los oscuros designios y pérfidas ambiciones de todos los que están conjurados para agravar la soberanía nacional y con el cuento de que el Canal traerá progreso y riqueza, florezca la suprema avaricia y el despojo de legítimos derechos y consagradas reivindicaciones.
Quién podría imaginarse que el general Julio Avilés Castillo, ahora jefe del Ejército Nacional, exestudiante jinotepino y miembro de la GPP, supuestamente defensor convencido de las libertades públicas, de la democracia, de los derechos y garantías de los pobres, con otro general, Adolfo Zepeda, también exestudiante GPP, actual inspector general del Ejército (no sé mucho de las supuestas hazañas bélicas de ambos exponentes de un militarismo revolucionario a ultranza), iban a terminar en el uso y disfrute de sus altas posiciones apañando las arbitrariedades del clan orteguista, subordinados con toda conformidad a la ilegítima e inconstitucional presidencia de Daniel Ortega, descabezador de las competencias y atribuciones del Estado, de las Fuerzas Armadas del Servicio Exterior, etc. A como están también completamente subordinados en la represión la jefatura y cuadros de la Policía Nacional.
Hay que detener los intentos de echar adelante contra viento y marea el Canal de los chinos. Y aunque no haya Canal americano, la existencia del panameño garantiza la presencia de nuestras nacionalidades centroamericanas y de nuestras legítimas posesiones, arrancando de raíz las terribles pesadillas que nos quieren imponer estos insaciables oportunistas del imperio chino, que se escudan en una ideología y en un partido comunista pero no hacen más que enriquecer a la camarilla gobernante, como sucede también en Nicaragua. Por ello, de las pesadillas líbranos Señor.
El autor es abogado, directivo del PUCA.