La protesta de muchos conductores porque consideran que las multas de tránsito son muy elevadas, no debería ser respondida por las autoridades con la represión, sino dialogando con los inconformes, ya sea para acordar con ellos una propuesta para la reducción de las multas, o con el fin de demostrarles que es correcto y necesario que sean elevadas, en el marco de una estrategia para reducir la creciente accidentalidad vial.
Se supone que el objetivo de las multas no es recaudatorio, ni solo para castigar a quienes cometen faltas de tránsito, que lo que se persigue es educar a los conductores irresponsables y disminuir el número de infractores. Respetar las normas de tránsito es del interés personal de cada conductor, porque redunda en la protección de su vida, integridad física y patrimonio. Pero no todos tienen conciencia de esto y por lo tanto hay que sancionarlos cuando cometen infracciones, y más cuando causan daños a otras personas y a la propiedad pública o privada.
Los doctrinarios jurídicos reconocen que la multa, al ser igual para todas las personas que cometen infracciones contiene un componente de desigualdad económica y social, pues tanto al conductor pudiente como al de escasos recursos económicos se les castiga con la misma cantidad de dinero. Pero si la multa es tan barata que no le causa mayor problema al sancionado, no lo convence de que no debe seguir cometiendo infracciones y más bien lo alienta indirectamente a reincidir. Y por lo tanto no se cumple la función educativa que se supone tiene que cumplir ante todo el castigo pecuniario.
En todas partes del mundo las multas de tránsito suelen ser elevadas y entre mayor es la infracción que se comete, más fuerte la sanción pecuniaria, sin perjuicio de los castigos penales que correspondan cuando de la transgresión se deriva un delito de mayor o menor gravedad. Por ejemplo, según el diario español en línea El Confidencial, en España un exceso de velocidad por circular a 65 kilómetros por hora en una ciudad donde el máximo permitido es de 50, se multa con 100 euros (casi 113 dólares); en Alemania, 35 euros (unos 40 dólares) y 65 euros en Francia (más de 73 dólares).
Los niveles de ingreso económico de Europa no se pueden comparar con los de Nicaragua, son más elevados, pero de todas maneras las multas de tránsito en los países europeos son altas en relación con el promedio de la posibilidad económica de la gente.
En realidad, en Nicaragua, el problema mayor no es tanto el monto de las multas de tránsito, sino la arbitrariedad de los policías que las imponen caprichosamente, según denuncian los mismos conductores. Por lo tanto, sin perjuicio del derecho a protestar contra el monto de las multas la lucha principal debe ser contra la arbitrariedad y la corrupción de los policías que imponen sanciones indebidas, y contra la corrupción de los que exigen mordidas o sobornos a cambio de las multas.
La ciudadanía debería luchar para que haya una Policía honesta y cumplidora de la ley, que esté realmente al servicio de los ciudadanos y la comunidad y no a la orden de un poder político arbitrario y corrupto.