Násere Habed López

Tanto tienes, tanto vales

Como consecuencia de la crisis de valores que vive nuestro mundo, hemos llegado al extremo de juzgar a las personas por su riqueza. “Tanto tienes, tanto vales”, ha pasado a ser un principio imperante en nuestra cultura.

El dinero, unidad de medida del valor de las cosas, ha pasado a ser también unidad de medida del valor de las personas, desplazando a segundo plano, la importancia de cualidades morales tradicionales, como honestidad, integridad, rectitud moral.

En esta sombría concepción del mundo y de la vida, lo importante es tener dinero, porque con dinero todo se compra, hasta la dignidad humana. “Todo hombre tiene su precio”, afirmaba Napoleón Bonaparte, “solo falta saber cuál es”, agregaba Fouché, duque de Otranto; y según nuestro dicho popular, “desde que Judas vendió a Cristo, todo mundo tiene precio”.

Tener dinero se ha transformado en una obsesión del espíritu; y cuanto más ascendemos en “nivel social”, más dinero creemos necesitar para mantener nuestro status quo.

“Poderoso caballero es don Dinero” (Quevedo). Tener mucho dinero es expresión de importancia y de poder. Ser muy pobre es causa de menosprecio; y así como tratamos de hacer ostentación de nuestra riqueza, tratamos de ocultar todo signo de pobreza, para que no nos miren en menos, o nos consideren “don Nadie”.

Preferimos enamorarnos de una persona rica, que de una persona pobre, aunque la pobre tenga virtudes más elevadas. “La pobreza —dice la gente— es enemiga del amor y cuando el hambre entra por la puerta, el amor sale por la ventana”.

El afán de riqueza nos ha hecho olvidar una posible vía para ingresar al reino de Dios: “Le es más fácil a un camello pasar por el hueco de una aguja que a un rico ingresar al Reino de los Cielos”, dicen las sagradas escrituras.

“El tener se ha convertido en la meta de nuestras vidas. Nos hemos olvidado del Ser, del acto de vivir puro y limpio a plenitud, sin preocuparnos por competir, ostentando el lujo que supuesta, pero equivocadamente, nos confiere más valor como persona. ¡Cómo es que no aceptamos el hecho de que la posesión de bienes es temporal! Nos creemos inmortales y acumulamos riquezas, algunas veces en forma indebida, creyendo que disfrutaremos eternamente de ellas, máxime si las mismas nos brindan poder, un poder que nos permite dominar; una especie de círculo que solo termina con la muerte, a la cual llegamos desnudos, tal y como vinimos al mundo” (Cañas Quiroz, Roberto).

Cuando estamos frente a la muerte, es cuando mejor valoramos la importancia relativa del dinero. Es el caso de Howard Hughes, que estuvo en Managua en la época del terremoto de 1972. Se cuenta que este multimillonario norteamericano, considerado por sus contemporáneos el hombre más adinerado del mundo; cuando estaba al borde de la muerte, a causa de insuficiencia renal crónica y trastornos obsesivocompulsivos, le expresaba a un amigo que “daría todos sus miles de millones, a cambio de que Dios le concediera un año más de vida”. Trescientos sesenta días, incluso viviendo en la pobreza, era más importante que miles de millones de dólares, acumulados por Hughes, a lo largo de su tormentosa vida.

Para rescatar al ser humano de la crisis de valores que vive el mundo y devolverle su dignidad y su alegría, se necesita —como diría Mariano Fiallos Gil—, de un nuevo Renacimiento, que restaure los valores humanos inapreciables que le sirven para mantenerse erguido.

Padres, maestros, autoridades educativas, tienen una misión importante que desempeñar en esta “reingeniería educativa”. A ellos corresponde educar y reeducar en los valores tradicionales de honestidad, integridad, solidaridad social y amor al prójimo.

Educar en valores es fundamental para liberar al ser humano del abismo moral en que actualmente se encuentra. Educar en valores es tan importante como la especialización científico-técnica. Para ello, según Albert Einstein: “Es esencial que el estudiante adquiera conocimientos y un sentido vivo de los valores, un sentido vivo de lo bello y moralmente bueno. De otra manera, el estudiante con sus conocimientos se parecerá más a un animalito amaestrado, que a una persona desarrollada armoniosamente”.

El autor es psicólogo, doctor Honoris Causa y Orden Miriam Fiallos Gil, del Consejo Nacional de Universidades.

Opinión Mundo Riqueza archivo

COMENTARIOS

  1. ambientalista
    Hace 12 años

    El dinero inquieta los gustos. Hay millonarios arboristas con arboles de lata.

  2. Hace 12 años

    La pérdida de valores humanos como la compasión, la honestidad,la gratitud,la sinceridad,respeto,la familia,sensibilidad,amabilidad, etc,se han extraviado en el tiempo creo que desde 1980 y este extravismo de valores surge como consecuencia de la falta de educación integral adecuada,los maestros estan egerciendo con programas que no dan prioridad a esos valores, sino que, a otras cosas no muy sabias, por eso «tanto tienes,tanto vales»el dinero a sustituido los valores.

  3. El Observador
    Hace 12 años

    Es cierto lo que dice Násered Habed López en el título de su interesante artículo.
    Hace más de un siglo, un poéta mejicano escribió «Vedades Amargas» en donde dice en uno de sus versos: Amigos es mentira, no hay amigos/ La amistad verdadera es ilusión/ Ella cambia, se aleja y desaparece/ con los giros que da la situación. Pero por experiencia propia, puedo afirmar, que entre la clase humilde, a la cual pertenezco, si existen amigos leales en las buenas y en las malas

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