¿Ganas de jugar al ping-pong, pero no hay rival a mano? Ningún problema, ahora se puede apelar a un robot gigante, como el que se exhibe en el salón electrónico Ceatec de Tokio, junto con gafas inteligentes o un GPS táctil, entre otros insólitos gadgets.
Otro robot está presente en el salón: se trata de una joven de largo cabello castaño, que esboza una tímida sonrisa, realiza lentos movimientos con los brazos y parpadea, además de poder comunicarse mediante el lenguaje de los signos, aunque de manera muy somera.
Este prototipo de Toshiba se desarrollará sin duda hacia un robot más elaborado que podría ejercer en el futuro de “compañero para gente mayor”.
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Esta cita obligada para los tecnófilos nipones se celebra hasta el sábado, y con sus aparatos de todo tipo es una ventana hacia el futuro.
El robot jugador de ping-pong es más bien intimidante: una máquina en forma de trípode, parecida a una manta religiosa, y capaz de jugar sin interrupción y sin fallar, o casi.
El robot evalúa la trayectoria y la velocidad de la pelota al analizar el movimiento del jugador que tiene ante sí, y tras proceder a sabios cálculos restituye la pelota a un determinado lugar que facilite su devolución y la continuación del juego, explica su inventor, el grupo japonés Omron.
La idea no es comercializar este robot, sino simbolizar la nueva relación hombre-máquina, añade.
Japón, que es ya líder en la robótica industrial, espera mucho de los robots inteligentes para intentar compensar la reducción de la mano de obra en el país, provocada por el envejecimiento de la población y la muy baja natalidad.
En el salón Ceatec se encuentran también numerosas gafas high-tech. Después de Google y Sony, Toshiba se ha lanzado a este mercado con un ligero modelo (42 gramos), que tiene un retroproyector.
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