Algunos aconsejan abordar estos temas de manera general y no exponerse. Sin embargo, sin la vivencia personal se puede causar la impresión de estar en la cima de un cerro y desde ahí, cómodamente, describir cómo corre el río. No creo que eso sirva de mucho. Además, cuando uno se ha equivocado ¿por qué no reconocerlo?
Escribir sobre separación matrimonial —aunque temporal, desde la propia experiencia— puede incomodar, despertar ansias justicieras o ilusión de pretextos. Los inquisidores y libertinos, por igual, buscan ventaja en cada palabra, pero no importa.
En mi caso, han pasado dos años desde que cesó el dolor al que por unos meses sometí a los que más quiero. Terminar eso fue posible porque Dios, mi esposa, hijos, familiares y amistades verdaderas nunca cerraron la puerta, y al rectificar me recibieron como al hijo pródigo de Lucas 15. Sus oraciones y paciencia me rescataron, y en el proceso aprendí lecciones fundamentales que quizás sirvan a otros.
A pesar de que sobran especialistas de todas las tendencias, no se puede restaurar la relación familiar sin el diálogo constante con la propia conciencia. Ella socorre y guía, y si la sinceridad te mueve en la búsqueda de respuestas, serás capaz de conocerte mejor y reencontrar el camino.
Cuando estás inmerso en el problema, es invaluable el amigo que dice “no estoy de acuerdo, pero sos como un hermano y nada lo cambiará”. Son de las frases que más se agradecen y de las más inteligentes. Después será fácil escuchar lo que quiera decirte.
Encontrarte con quienes antes actuaron como vos, pero con el paso de los años reconocen que se equivocaron, que quisieran retroceder el tiempo, que causaron daños irreparables, que otros factores los influyeron , ayuda a pensar mejor. Más aún si los creías tan contentos como hacen creer a los demás.
Cuando estuviste involucrado en separación familiar —después que pensabas le podía suceder a cualquiera menos a vos— comprendés que no estás exento de nada y tenés la capacidad terrible de herir a los que deberías cuidar.
Por gracia de Dios llega el momento en que se recupera la conciencia de que el amor a los tuyos no lo sustituye nada ni nadie. Y si la idiotez coronó tu partida, que la valentía lo haga al regreso.
Al reconciliarte como matrimonio, los amigos sinceros celebran. Se debe comprender a los hostiles, pues no se ha defraudado solamente a la familia. Como en todo, siempre encontrarás a los que tiran la primera piedra. Si no te mostraron misericordia, te corresponderá ofrecerla a ellos.
Claro está que para ser recibido como el hijo pródigo hay una ruta que transitar. No es cómoda, pero está llena de esperanza y cada paso te acerca, literalmente, a tu hogar. Este camino incluye reconocer el error, dar la media vuelta, demostrar tu cambio, pedir perdón y continuar adelante. Hay varias vidas con las que uno se debe reconciliar, con unas más temprano que con otras. Y si el caminar parece difícil, saber quiénes te esperan te dará la fuerza necesaria.
De las verdades aprendidas es que no es posible construir nada bueno sobre el dolor de otros. Sabemos que estos asuntos son más comunes de lo que se cree. Desde mi experiencia, más que por estadísticas, sé que para un mejor país debemos tener familias estables, y la responsabilidad paterna es insustituible.
Comparto esto pensando en los varones que injustificadamente se han separado de sus familias, o piensan hacerlo. Espero les ayude a reflexionar. El autor es periodista.
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