En días pasados, los voceros del Wang Jing y el Canal se han dado a la tarea de realizar presentaciones, que erróneamente llaman “consultas”, en los municipios que serían afectados en caso de realizarse la megaobra, que supuestamente arranca en diciembre.
En ellas, el vocero oficial y presidente del CNU, Telémaco Talavera, se deshace en proyecciones sobre las bondades del Canal y cuando los afectados le hacen “la pregunta de los 100 pesos”, que a cómo les pagarán las tierras, contesta que todos saldrán mejor, que será una negociación caso por caso, porque no todas las tierras valen lo mismo.
Sobre este tema, la compañía HKND tiene la ley en sus manos para expropiar al valor catastral, si lo quiere hacer de esta manera, o pagando un precio justo, negociado con cada uno de los propietarios, está por verse. Si el caso fuese lo segundo, es decir, un precio justo, lo lógico es que la Ley 840, que fue confeccionada a la medida de Wang Jing así lo estableciera, o se reforme.
En todo caso, la Corte Suprema de Justicia hubiera aceptado el recurso de amparo del Cosep sobre este tema, pero no lo hizo. Así que no hay nada que haga suponer que los que serán expropiados tengan falsas esperanzas, que cuando el Canal se concretice, se van a “sacar la lotería”, como dicen.
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Algunos “consultados” han preguntado que pasará con las aguas del Lago de Nicaragua que hoy en día consumen, cuando el lago sea dragado y dinamitado masivamente para abrir una zanja en su lecho de 26.7 metros de profundidad por 300 metros de ancho y 105 kilómetros de largo y les han asegurado que la calidad de sus aguas no será afectada. Algo que ni ellos mismos se creen, mejor un cuento chino.
Pero hay un tema ambiental relacionado con el lago y el proyectado megacanal, que ni en las referidas “consultas” ha salido a luz, pero que se hace más evidente ahora con la sequía, producto del fenómeno recurrente de El Niño y es ¿qué pasará con el nivel de las aguas del Cocibolca —ya de por sí en un equilibrio precario por el cambio climático— cuando llene y alimente dos inmensas y profundas zanjas, una hacia el Caribe y otra hacia el Pacífico?
Sumarle a esto el agua que por medio de las inmensas exclusas se perderá hacia ambos lados por cada barco que pase, más lo que naturalmente sale cada año por el río San Juan y el proceso natural de evaporación.
El doctor Jaime Incer, destacado científico y asesor presidencial para Asuntos Ambientales, quien aún no ha sido consultado para el tema del Canal, lo pone de esta manera en una exposición que realizó ante la Academia de Ciencias de Nicaragua en agosto del 2013, antes de este nuevo año atípico afectado por la sequía producida por el fenómeno de El Niño.
“Analizando los niveles de agua de los lagos, en menos de dos años y medio se han observado oscilaciones que hace un siglo se presentaban cada 40 o 50 años. Por ejemplo, en ambos lagos hubo inundaciones en el invierno del 2010 y notable sequía en el verano del 2012. Estos cambios impredecibles implican limitaciones para el proyecto canalero, pues se necesitan niveles de agua altos y constantes para asegurar la navegabilidad de los barcos que cruzarán por el lago. Estabilizar estos niveles a una cota establecida significaría represar el río San Juan por donde el lago descarga sus aguas hacia el Caribe y complicar aún más el sistema”.
Las consecuencias de no hacerlo sería calamitosas, pero también las consecuencias de represarlo. Un metro más arriba de la cota del Cocibolca en octubre, implicaría que miles de kilómetros cuadrados en la llana costa de Chontales y Río San Juan quedarían inundados. Un metro más bajo de la cota de verano (que no se le está drenando una gota de agua por exclusas o canales) todos los puertos lacustres quedarían en tierra. El autor es diputado PLI y navegante del Cocibolca.
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