Querida Nicaragua: En Costa Rica el pueblo lo ve con toda naturalidad. El ciudadano presidente de la República es igual a cualquier otro ciudadano común y corriente.
Hace varias décadas recuerdo haber visto al presidente don Mario Echandi haciendo fila frente a la taquilla del cine Rex para comprar su boleto. Me sorprendí pues nunca había visto algo semejante. Me quedé un rato viéndolo desde una banca del parque pues aquello para mí era algo increíble. Antes de Echandi, según me dijeron, el presidente don Otilio Ulate Blanco, atravesando a pie una calle de San José fue atropellado por un ciclista; el mandatario quedó tendido en el pavimento cuan largo era y la gente corrió a asistirlo, también el ciclista que lo había atropellado. Fue descuido mío, dijo el presidente y el ciclista siguió su camino.
Por eso no me extrañó que en la solemne Eucaristía del 2 de agosto en Cartago, presidida por SE el cardenal Leopoldo Brenes, haya asistido el señor presidente de Costa Rica don Luis Guillermo Solís, con la mayor sencillez, sin guardias ni escoltas y haya pronunciado al final un discurso sencillo exaltando los valores de la mujer, la primera de ellas la venerada Virgen María de los Ángeles, patrona de Costa Rica.
Nosotros nunca vimos a un presidente caminando por nuestras calles sin escoltas y exceso de guardias. El doctor René Schick quiso hacerlo pero siempre la Oficina de Seguridad Nacional del somocismo le imponía un grupo de escoltas a unos cuantos pasos tras él.
Mientras veía por TV al presidente tico desplazarse por sí solo, vino a mi mente la cantidad de guardias que cubren cada esquina por donde pasará el señor don Daniel. Es imposible abordarlo, decirle algo, cambiar con él algunas palabras. No solo es imposible sino que peligroso.
De todas maneras de poco serviría decirle a don Daniel de los abusos que se están cometiendo en el norte del país, buscando culpables del acto terrorista del 19. Prácticamente la Conferencia Episcopal que tiene gran autoridad moral se lo ha dicho en términos más que claros en el documento producto de su última reunión en Juigalpa. Bien se dice que no hay peor sordo que el que no quiere oír. Sin embargo don Daniel debe estar enterado de todo y es él quien debe girar las instrucciones de acuerdo con la información que le llega. Allanamientos, detenciones a medianoche, ocultamiento de algunos detenidos, todo eso desaparecería y todo volvería la normalidad con solo que don Daniel lo ordenara a la Policía, al Ejército y al partido.
Don Daniel se pondría una flor en el ojal ordenando que cese la represión y que vuelva la normalidad en el norte. ¿Por qué no lo hace? Comentaba con algunos amigos. Y me decían: simplemente porque este gobierno no es ni democrático, ni socialista. Es un gobierno comunista donde se forma una fuerte y poderosa oligarquía revolucionaria donde los allegados al gobierno se vuelven millonarios. El gobierno ni siquiera oculta que es comunista. Basta observar sus relaciones con Rusia, la visita de Putin, la intención de instalar bases militares rusas y el anuncio de compra de moderno armamento ruso que llegará a Nicaragua. Basta observar su apoyo a los terroristas de Hamás y tomar partido en contra de Israel, su apoyo incondicional al delirante presidente Maduro y su entrega de la soberanía nacional a un sospechoso ciudadano chino a quien le apodan en China “el loco del canal”.
Un régimen con esta mentalidad no puede ser democrático. La democracia es respeto a la ley, donde todos los ciudadanos, incluido el presidente de la nación, tienen los mismos derechos e iguales deberes. La democracia es independencia de los poderes del Estado, es gobernar para todos los ciudadanos y no solamente para los que pertenecen a determinado partido.
Lamentablemente este no es el caso de Nicaragua. Por eso estamos sumidos en la incertidumbre y la pobreza. El autor es gerente de Radio Corporación. Excandidato a la Presidencia de la República en 2011.
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