Y ADEMÁS
Luis Sánchez Sancho
La fuente principal para saber de la vida y el ejercicio del poder de los emperadores romanos, es el libro del célebre historiador latino Suetonio, titulado Los doce Césares. Conviene entonces hablar un poco de Suetonio antes de entrar propiamente a lo de la vida de los césares.
En un antiguo pero muy útil libro que me regaló una persona muy cercana que ya no existe (y también por eso lo conservo con aprecio), titulado 12 mil minibiografías, se dice de manera escueta que Suetonio vivió entre el año 69 y el 140 después de Jesucristo y que es “una de las figuras más importantes de la historiografía antigua”.
Por otra parte, en el Prólogo al libro Los doce Césares, publicado por la editora digital eBooket (www.eBooket.net), se dice que “Poco se conoce de la vida de Cayo Suetonio Tranquilo, uno de los escritores más leído de la época romana… Se sabe solo que nació hacia el año 69 de nuestra Era y que murió en el 140, dedicándose a la labor historiográfica sobre todo desde el 122. También se sabe que por sus brillantes dotes de honradez y de inteligencia se atrajo la amistad de Plinio el Joven, siendo recomendado por él a (el emperador) Trajano”.
Plinio el Joven fue un eminente jurista, político y escritor romano que nació en el año 51 y murió en el 115 de nuestra época. Plinio el Joven debe su fama literaria ante todo a sus nueve libros de Epístolas, en las cuales escribió sobre una amplia y rica variedad de temas de la vida romana, desde “asuntos familiares y domésticos hasta verdaderos ensayos sobre literatura, política o historia”, según escribe T. Jiménez Calvente. Fue llamado Plinio el Joven para diferenciarlo de su tío, Plinio el Viejo (Cayo Plinio Segundo), nacido en el año 23 y fallecido en el 79 después de Cristo, también destacado literato latino de la antigüedad y famoso ante todo por su libro de Historia Natural que durante siglos sirvió como obra de estudio científico y académico.
De Suetonio dicen sus críticos que al escribir sobre los césares tuvo una marcada inclinación a resaltar los aspectos más escabrosos de sus vidas y sus formas de ejercer el poder. Sin embargo, también hay quienes aseguran que Suetonio hizo lo correcto, pues no se puede escribir sobre los césares sin subrayar los aspectos más escandalosos de sus vidas que eran, precisamente, lo más sobresaliente de tales personajes.
También se dice que Suetonio habría puesto demasiado énfasis en resaltar la vida licenciosa de los césares, solo por resentimiento, ya que uno de ellos, el emperador Adriano, quien fuera su protector, lo repudió y excluyó de entre las personas de su confianza y lo expulsó de la Corte.
El emperador Adriano estaba casado con una mujer extraordinariamente hermosa que se llamaba Vibia Sabina, quien además era su prima lejana. Pero se trataba de un matrimonio de conveniencia y Vibia Sabina no amaba a su esposo, más bien lo despreciaba.
Se cuenta que para no tenerle hijos a Adriano, Vibia Sabina usaba los anticonceptivos que ya existían en aquella época, a fin de protegerse en las relaciones sexuales que, obligada, tenía con su marido. Sin embargo, en una ocasión Vibia Sabina se descuidó y quedó embarazada, pero apenas lo supo y estando a tiempo, abortó la criatura engendrada en ella por Adriano.
Así las cosas, siendo Suetonio un hombre inteligente y talentoso, cercano al emperador y seguramente muy atento y fino con Vibia Sabina, resulta fácil suponer que la frustrada emperatriz se habría enamorado de él y alguna relación sentimental habrían tenido. En los textos biográficos de Suetonio no se dice que él sucumbiera a los encantos femeninos de Vivia Sabina, pero Adriano seguramente sí creyó que el historiador tuvo relaciones con su mujer y fue por eso que lo habría echado de la Corte imperial.
Afortunadamente el enojo de Adriano no le costó la vida a Suetonio, como solía ocurrir en aquellos tiempos. De modo que el gran literato latino tuvo la oportunidad de retirarse a la vida privada y desde entonces dedicó todo su tiempo a escribir.
Fue tan riguroso el aislamiento de Suetonio que sus biógrafos y los historiadores ni siquiera logran atinar cuándo exactamente murió. Sin embargo eso no es lo importante, sino el legado literario de Suetonio a la posteridad, sobre todo su libro Los doce Césares, que más de dos mil años después se sigue leyendo con el mismo interés que cuando se publicó por primera vez.