Querida Nicaragua: No pudo ser más elocuente la reciente visita del señor Wang Jing y su comitiva de aparentes técnicos de la HKND Group, la “enorme” compañía dueña de la concesión del gran Canal Interoceánico que tanto mencionan. Elocuente porque los señores no pudieron responder a las preguntas que se les hicieron y que son información clave que nuestro pueblo necesita luego de que el señor don Daniel le concedió a Wang Jing un enorme tajo de 280 kilómetros de largo por veinte y medio kilómetros de ancho, algo así como unos 5,740 kilómetros que serán un enclave colonialista en el corazón de nuestro país y cruzando nuestro lago de Nicaragua.
Se necesita tener un valor desmedido, una ambición sin límites, un irrespeto total a la patria y al pueblo para comprometer a Nicaragua en semejante aventura sin consultarle al dueño de la soberanía nacional, que es precisamente el pueblo de Nicaragua.
Solamente en sistemas donde impera el secretismo, el temor, el abuso y el irrespeto a las leyes, puede un mandatario, (y además inconstitucional) disponer del país como si fuera su finca particular.
Para poder realizar la ampliación del Canal de Panamá en el gobierno de Martín Torrijos, hubo amplias discusiones, aprobación del Congreso y además un referéndum nacional para que el pueblo decidiera si quería o no la ampliación que tiene un costo de seis u ocho mil millones de dólares.
La ampliación del Canal de Panamá comenzó en 2006. Es decir han trabajado más de siete años y aún no lo han terminado. El supuesto megaproyecto del Gran Canal por Nicaragua pretenden comenzarlo en este año y concluirlo cinco años más tarde. Solo un mago podría construir un Canal con una extensión de 280 kilómetros de largo por 500 metros de ancho y 39 de profundidad en el término de cinco años. Esto no puede ser cierto.
Más criticables que el propio Ortega son aquellos que le hacen el juego, como los 63 diputados de su aplanadora en el Congreso, y tantos y tantos que por recoger algunas migajas se hacen lenguas hablando del Canal.
He dicho en ocasiones anteriores que ese Canal “me lo cuelgo de la oreja” como solían decir las abuelitas de antaño, y también que el tal Canal estaba en la “cola de un venado” como solemos decir cuando algo es inalcanzable.
Como algunos botones de muestra tenemos el tan mentado proyecto de Tumarín, que vendría a producir no sé cuántos megavatios. Durante meses se habló del proyecto de Tumarín. Ya debería estar terminado y a punto de funcionar, pero no quedó en nada, solo en unos cuantos pequeños productores campesinos reclamando que les paguen lo justo por sus propiedades.
Otro botón de muestra es el famosísimo proyecto de la refinería “El supremo sueño de Bolívar”. La primera piedra fue lo único que pusieron porque de la tal refinería ya nadie se acuerda. El proyecto ha quedado durmiendo el sueño de los justos.
Y si queremos otra muestra de lo que es el ciudadano chino Wang Jing, veamos en qué ha quedado la concesión que este Gobierno le dio para poner en funcionamiento otra compañía de teléfonos celulares. Hasta hoy, don Wang Jing no ha invertido un centavo en el tal proyecto, pues todo fue pura ilusión.
Por último el juguetito que mostró el señor ministro de Telcor junto con uno de los hijos de don Daniel, el satélite que tendría Nicaragua y del que no se ha vuelto a saber nada más. Este Gran Canal es otro cuento para hacer una serie de negocios protegidos por el contrato suscrito con Wang Jing. No habrá Canal pero habrá muchos proyectos menores como hoteles, condominios playeros, aeropuertos, centros comerciales, líneas aéreas, todo realizado a un costo mínimo sobre los terrenos concesionados para el nunca bien ponderado Gran Canal Interoceánico de Nicaragua. El autor es gerente de Radio Corporación. Excandidato a la Presidencia de la República en 2011.
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