Marvin Saballos Ramírez
¡Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal! Mujeres asustadas y arrodilladas implorando clemencia al Cielo, el suelo trepidando con violentas ondulaciones, las casas traqueteando, el ruido de las tejas deslizándose de los techos y quebrándose al caer al suelo, las campanas de la iglesia tocando solas y el estruendo de parte de sus torres al caer, son mis recuerdos de la plaza de Nagarote en la noche del 29 de abril de 1955, cuando en brazos de mi madre tuve mi bautismo telúrico; bautismo que compartimos la mayoría de los nicaragüenses, quienes desde temprana edad solemos experimentar las remecidas de nuestro sísmico país.
A finales de abril e inicios de mayo de 1955, la región de Mateare y Nagarote fue sacudida por un fuerte sismo conocido como terremoto de Mateare.
Del mencionado terremoto de Mateare hay pocas referencias documentales, a pesar de ser relativamente reciente y de haber ocurrido en una zona vecina de Managua. Según LA PRENSA del 3 de mayo de 1955, los sismos iniciaron el viernes 29 de abril, continuando hasta el martes 3 de mayo. Las crónicas refieren: “Botó muchas casas y abrió grandes hendiduras en el suelo… no hay una sola casa en la población, desde la Iglesia hasta el Comando, sin deslizamientos en los tejados… muchas casas de adobe sufrieron desplomamientos y hay unas tres o cuatro convertidas en escombros”.
Por su parte el diario Novedades, propiedad de Anastasio Somoza García, entonces presidente de la República, reporta el jueves 5 de mayo: “Presidente está procurando dar ayuda a damnificados de Mateare. Autoridades Políticas y Administrativas hicieron una visita a aquella población”. Las autoridades delegadas fueron el presidente de la Junta Directiva Departamental del Partido Liberal (somocista), el jefe político del Departamento (representante del presidente) y un enviado del ministro del Distrito Nacional. Además, Novedades consigna daños en la pared trasera de la iglesia de Mateare. Informes posteriores identifican una falla que corre de Mateare al sur, hacia el sitio de San Agustín, como la causante del sismo.
El año anterior, el Lunes y Martes Santos, 4 y 5 de abril de 1954, fuertes temblores sacudieron Chinandega y sus municipios. El diario La Noticia del Miércoles Santo 6 de abril, titula: “La gente en Chinandega creyó que era terremoto el temblor del Lunes Santo”. Se reportaron derrumbado el edificio de Comunicaciones de Puente Real y rajada la iglesia de Somotillo. Sismólogos en Birmigham, Alabama, lo catalogaron como “terremoto muy severo, entre 7 y 8 de la escala de Richter (para la época no existían sismógrafos en Nicaragua).
Sesenta años después, otro fuerte evento sísmico vuelve a impactar Nagarote y Mateare. Ahora con mayores daños en Nagarote, con cerca de quinientas viviendas dañadas y nuevamente la antigua iglesia fracturada. En esta ocasión, el país cuenta ya con sistemas de alerta y atención de desastres, además de mayor información sismológica, los que permiten activar recursos gubernamentales, de la sociedad civil y particulares, en prevención y preparación para un desastre mayor. En este sentido, la respuesta gubernamental, de los medios de comunicación y de las redes sociales a la serie de sismos que se produjeron asociados al terremoto de Nagarote de las 5:25 p.m. del 10 de abril de 2014 y que permitió brindar información al momento y orientar a la población en las medidas a tomar, pareciera estar marcando una nueva actitud y mayor conocimiento de la sociedad nicaragüense ante las amenazas naturales de diversas índoles que enfrentamos: sismos, volcanes, huracanes, inundaciones, deslizamientos, sequías. Conciencia de la vulnerabilidad de todo el país.
Un avance en la cultura de prevención necesaria para los nicaragüenses. El autor es sociólogo.