Me place reconocer que Chayito es un destacado profesional que tiene las dos principales cualidades del hombre inteligente: en primer lugar, su brillante capacidad de síntesis, y en segundo lugar, su veloz capacidad para convertir en simples las cosas muy complejas.
Mi admiración por la inteligencia de Chayito despertó hace algunos años mi curiosidad por su persona, razón por la cual lo he estado observando muy de cerca. Yo considero que los nicaragüenses tenemos derecho a “observar con lupa” a los funcionarios públicos, y Chayito es un alto funcionario del Estado.
Quiero poner de manifiesto que yo no censuro a las personas que al llegar a determinadas posiciones o al adquirir importantes relaciones cambian de “estilo”. Creo que en determinadas circunstancias, los cambios de personalidad son normales, como normal considero la diferencia que existe entre el “estilo” anterior de Chayito y el “estilazo” que tiene ahora. Actualmente Chayito mira, saluda, camina y sonríe diferente a como lo hacía antes del año 2009.
La última vez que lo observé fue en una reunión que se llevó a cabo en uno de los salones de un hotel capitalino. Antes de entrar, se detuvo como tres minutos en el umbral de la puerta y subiendo un poco el mentón observó el “escenario” de la reunión. Le vi una mirada profunda, de esas que parecen organizar el futuro; de esas que saben leer el destino; de esas miradas que encierran el secreto de los que se mueven en los centros nerviosos del poder.
Chayito se fue a sentar a una mesa situada al fondo del salón, frente a la tarima, desde donde se iban a pronunciar los discursos. Ya sentado, no despegaba la vista de la puerta por donde ingresaban los invitados. Cuando el salón aún no estaba lleno, y entraban personas económicamente muy importantes, Chayito se levantaba inmediatamente de su mesa, y con una sonrisa adanielada los iba a saludar. A los demás ni los volvía a ver. Media hora después noté que, a pesar de que el salón ya estaba abarrotado de gente, Chayito seguía mirando con nervioso interés hacia la puerta de entrada, como si esperase a alguien.
De pronto vi que entró Bayardo Arce. En una pequeñísima fracción de un segundo volví a ver a la mesa de Chayito y este ya no estaba; había desaparecido, y cuando volví a ver de nuevo la puerta de entrada observé que Chayito estaba casi colgado del pescuezo de Bayardo, saludándolo con muestras de gran cariño.
Al estar las mesas tan pegadas, y todas ocupadas, que no se podía ni caminar, empecé por preguntarme cómo Chayito, con mayor rapidez que la velocidad de la luz, en una milésima de segundos pudo haberse desplazado desde su mesa hasta donde estaba Bayardo, es decir, hasta la puerta de entrada. Mínimo cincuenta metros. Realmente era un misterio, que solamente la física podía develar.
De primas a primeras descarté que Chayito volara hacia Bayardo por encima de las mesas, pero después pensé en la posibilidad, desde el punto de vista de la física teórica, que Chayito o bien se desmaterializara o bien cambiara su índice refractivo para que su cuerpo no absorbiera ni reflejara la luz, volviéndose invisible. Quizás cualquiera de estas dos posibilidades nos dé la pista que pueda conducir a explicar el misterio de su velocísimo desplazamiento.
Al terminar el evento, y ya saliendo del hotel, observé cómo caminaba Chayito. Me impresionó. Caminaba igualito a Daniel. Es más, se sonreía como sonríe Daniel. Y no me equivoqué cuando al principio de la reunión observé que Chayito saludaba con una sonrisa adanielada.
Debo señalar que estoy seguro que esto no lo hace conscientemente. Aquí hay un fenómeno mimetístico. El mimetismo consiste en imitar de forma inconsciente los gestos de los demás, lo que en este caso es fácil de comprender por las estrechísimas relaciones de Chayito con Daniel.
Para concluir deseo expresar que el hecho de que Chayito camine y sonría como Daniel, y que probablemente llegue a mirar y saludar como él, en nada afecta mi admiración por su indudable como brillante inteligencia, es decir, por su capacidad de síntesis y por su admirable capacidad para hacer que las cosas muy complejas las veamos tan simples. El autor es abogado.
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