Alejandro Serrano Caldera

García Márquez o la magia de la palabra

La muerte de Gabriel García Márquez ha conmocionado el mundo de las letras, y no es para menos pues se trata de uno de los más grandes escritores de nuestro tiempo cuya obra es de un indudable valor universal.

Sin duda alguna es una de las figuras más relevantes de la literatura y uno de los escritores más importantes del Boom latinoamericano, en el que destacan también autores de la dimensión de Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa y Julio Cortázar, entre otros.

Su obra narrativa ha creado un lenguaje y abierto posibilidades y mundos alternativos con la magia de la palabra, serena o exultante, apacible o ardiente, que nos muestra las grandezas y miserias, de un pueblo olvidado y remoto, que son también las esperanzas y desesperanzas del ser humano en general, pero a partir de las circunstancias específicas del lugar y la época en que los hechos relatados ocurren.

Al narrar los episodios de la aventura humana nos enseña que las palabras como las cosas tienen perspectiva y que dependen de cómo, cuándo y en qué lugar son pronunciadas y, por supuesto, de quién las dice. Nos enseña, de alguna manera, que la palabra es la idea hecha presente, pero también que la imaginación es la realidad encarnada en los personajes y en los hechos que conforman la historia singular e insólita que sus acciones construyen.

Sus libros dicen y sugieren los acontecimientos de sus narraciones, y hacen de cada lector un cómplice de las aventuras que cuentan, no solo en lo que expresan sino también en lo que callan. Aunque no se mencione y aunque a veces se niegue expresa o tácitamente, en el relato está presente la utopía, como eterna aspiración del ser humano a la felicidad y a la libertad la que subyace en la forma y en el espíritu de la letra, en el texto y el contexto en el que el drama de la experiencia humana se desenvuelve.

Gabriel García Márquez creó un mundo con la palabra, pero también la palabra, su palabra, fue creada por el mundo que engendró y concibió al describirlo. Su escritura no nace del vacío que colma la imaginación pura, la realidad que construye no es solamente imaginativa, pero tampoco es una mera descripción de la circunstancia y de los acontecimientos que en ella se producen.

Su narración parte de los hechos los que al describir transforma, pero también la palabra que los expresa se transforma al relatarlos, produciéndose así, a la vez, el nacimiento de un nuevo lenguaje y una nueva realidad.

Aracataca, su pueblo natal, es Macondo, pero Macondo no es la simple reproducción de Aracataca, pues es ya en sí su propia realidad, hija de la transformación de los hechos concretos en las creaciones de la imaginación, la que partiendo del contexto real de ese pueblo específico, o de cualquier otro, lo cambia en esa nueva realidad que surge en el relato.

García Márquez con su novela cumbre, Cien años de soledad , y con toda su obra, abrió y cerró una nueva era en la narrativa universal, en la que, como nunca antes, se produjo esa interacción entre la imaginación y los hechos, creando una situación en la que la ficción es real y la realidad ficción.

El pueblo, la familia, los personajes, las guerras civiles son los mismos y son otros. José Arcadio Buendía, Aureliano Buendía, Melquíades, Úrsula Iguarán, Amaranta, Remedios, Pilar Ternera, Mauricio Babilonia, y muchos más, están inspirados en situaciones y personajes de la vida real, a los que trascienden en esa nueva dimensión de la vida y de la historia, que es la novela, transformada en realidad alternativa, en la que es tan real la guerra civil y el fusilamiento del coronel Aureliano Buendía, como la levitación de Remedios y las mariposas amarillas que persiguen a Mauricio Babilonia.

Junto a esa maravillosa interacción entre la circunstancia concreta de la historia y el mundo alternativo creado por la imaginación a partir de esa misma circunstancia, habría que mencionar la prosa extraordinaria del novelista y su manera inigualable de expresar los hechos de la narración.

El inicio de Cien años de soledad es incomparable. “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construida a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos”.

En esas palabras se abre el horizonte de una historia, en la que está incluida una familia, los personajes de esa familia y su liderazgo político, la guerra civil, que ha sido constitutivamente esencial a la historia de nuestros países, la magia de los descubrimientos en los que lo común, como el hielo, deviene un acontecimiento extraordinario en la experiencia de un niño que va a verlo por primera vez; y sobre todo, la descripción de Macondo en cuatro líneas en las que define la aldea, sus casas de barro y cañabrava, el río de aguas diáfanas y el lecho de piedras del río que son como huevos prehistóricos.

La realidad y la imaginación crean aquí en las palabras del autor un mundo mágico por real, y una realidad que supera los alcances de la imaginación. Esas primeras palabras no solo describen un mundo sino que lo crean y recrean en una nueva realidad que siendo otra, conserva siempre lo esencial de su propio ser, sea esta la de la historia que salva o tritura con sus grandes razones o descomunales dogmas, o del ser humano en su dignidad esencial o en su trémula pequeñez.

García Márquez deja a la literatura universal, y a la literatura latinoamericana en particular, una herencia invaluable que hizo de la novela latinoamericana a partir del final de los años sesenta, la más elevada expresión de la narrativa mundial y revitalizó de nuevo la lengua española en forma solo comparable con el movimiento del modernismo y del romanticismo que encabezó Rubén Darío.

Quede pues su creación literaria, para admirarla y disfrutarla en su plena dimensión creativa que integra la realidad y la imaginación, como elementos constitutivos del ser humano, y la vida.  

El autor es jurista y filósofo nicaragüense.

Columna del día Opinión garcia marquez magia palabra archivo

COMENTARIOS

  1. German Mayorga y Lopez.
    Hace 12 años

    A don Mauricio…Yo no sabia que el Cid fuera poeta, por lo demas, existe una forma de poeta sublime, pero no existe el poeta perfecto, Dario segun el Ilustre amigo del bardo, don Jose Maria Vargas Vila, Dario es un poeta que deja seguidores pero no herederos en cuanto a Gabo, diriase que casi jamas salio de Macondo, como jamas don Alonzo salio de la Mancha, ambos invadieron el mundo y lo modificaron eso consta…sdaludos. German Masyorga lopez.

  2. Guillermo J. Sanabria
    Hace 12 años

    El juicio literario que el Dr. Serrano hace de la obra de García Marquez no podría ser más elocuente y descriptivo. Lo único que el articulista deja por fuera es su contradictoria personalidad. No se concibe cómo un escritor de su talla,que pregonaba la eterna aspiración del ser humano a la libertad y la felicidad como sus derechos inherentes,pudiera ser amigo íntimo del dictador Fidel Castro,el más grande conculcador de esos derechos en la historia de América Latina.

  3. Mauricio Davila Wills
    Hace 12 años

    En realidad, con Gabriel Garcia Marquez (Gabo), no se veia un escritor tan prolifico desde los tiempos de Miguel de Cervantes Saavedra; de la misma manera, con Ruben Dario, no se veia un poeta tan perfecto, sublime e innovador desde los tiempos del Cid Campeador…

  4. Nicanor
    Hace 12 años

    Por favor no mezclar la literatura con la ideología, ni con la política. Su relación con Castro ha sido y será fuertemente criticada. Él puso la amistad por encima de la política, lo apoyó en su causa pero tampoco lo celebró en todas sus bellaquerías. Como periodista, que era su otra prolífica faceta, nunca se prestó al ataque directo aunque opinara diferente. Sabía bien cómo se crean o fastidian las prefabricadas ocho columnas. Prefirió callar a que lo utlilizaran.

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