Esta frase no es mía, la estoy tomando prestada, pues la encuentro iluminadora sobre todo para el área de educación. Ciertamente, cada vez se da más importancia a la evaluación como un mecanismo de obtención de datos sobre cómo están aprendiendo los estudiantes, pero todavía en muchos sistemas educativos no se valoran ni utiliza suficiente la información generada por evaluaciones como mecanismo de prevención de los problemas de aprendizaje, y el fracaso escolar.
Las causas de esta situación son complejas pero vale la pena mencionar las siguientes:
1. Prevalece en muchos sistemas educativos la asociación entre evaluación y castigo.
2. Frecuentemente los resultados de la evaluación se utilizan más para clasificar a estudiantes y maestros que para prevenir problemas y alumbrar la toma de decisiones.
Como agravante de esa cultura que teme a la evaluación, en muchos países se cultivan falsas dicotomías que contraponen las evaluaciones de aprendizaje de tipo cualitativo, con aquellas dirigidas a recoger datos masivos y rápidamente —las cuantitativas— que provienen en general de pruebas estandarizadas. En salud no se presenta esta visión polarizada y los buenos médicos saben que hacer un buen chequeo pasa por combinar su trabajo clínico con exámenes de laboratorios y otros medios de diagnóstico.
En Nicaragua, una experiencia interesante que ha aportado a modificar esa cultura ha surgido de la campaña de lectura Vamos a leer, leer es divertido. Esta campaña que se impulsa desde hace cinco años es un esfuerzo colectivo en el cual se han comprometido instancias del Mined, empresas privadas y organizaciones y fundaciones interesadas en que se incremente el número de niños de los primeros grados de primaria, que lee comprensivamente y se divierte leyendo.
Vamos a leer tiene dos ejes, la distribución de libros infantiles y un concurso de lectura comprensiva cooperativo. El concurso lo gana el aula de primer grado en la cual el ochenta por ciento de los estudiantes lee y comprende un cuento corto y sencillo. El concurso —un medio para motivar a la lectura con premios donados por generosos patrocinadores — ha resultado muy útil. Ha servido para captar el interés de las familias, maestros, directores y estudiantes en la lectura y generando esfuerzos de cada comunidad educativa participante para mejorar el aprendizaje. Los premios —bibliotecas, mochilas con cuadernos e incluso zapatos para los estudiantes de las aulas ganadoras—, han sido estimulantes, y sumados a la dedicación y compromiso de cada organización involucrada, han contribuido a que el número de escuelas inscritas en la campaña se haya incrementado de 93 en 2010 a 250 en 2013.
Segundo, lo cual es tal vez lo más interesante de esta experiencia, la evaluación ha dejado de ser vista como algo indeseable e inspiradora de miedo, y entre concurso y concurso —la competencia se da en varios niveles— los resultados de la prueba han adquirido utilidad. Los datos de esta evaluación de lectura han permitido dirigir con mayor precisión los esfuerzos educativos. Desde 2011, tomando en cuenta los resultados de las pruebas sobre cómo los niños leían y comprendían el cuento corto, cada instancia comenzó a impulsar iniciativas para mejorar la lectura en los territorios y sus escuelas. Clubes de lectura, círculos de lectores, redes de cuenta cuentos comunitarios, uso de los libros donados —en 2013 se distribuyeron 13,000—, en bibliotecas ambulantes, cursos de capacitación, etc. Estas actividades, más el compromiso de los maestros, directores, funcionarios del Mined y padres de familia han incidido en que se haya aumentado el número de primeros grados con el ochenta por ciento o más de sus estudiantes leyendo bien. En 2010 en las 93 escuelas inscritas solo tres primeros grados ganaron, lo cual representa un 3.2 por ciento; pero en 2013 el número de aulas ganadoras se incrementó a 22, 8.8 por ciento de los centros concursando.
Relato sintetizadamente esta experiencia porque como educadora estoy convencida que los datos de evaluaciones de aprendizaje tienen gran valor para la enseñanza. La información bien recogida y debidamente divulgada sirve para empoderar a padres, educadores, y estudiantes. Una maestra informada de cuáles habilidades lectoras o matemáticas sus estudiantes tienen alto o bajo dominio, puede mejorar sus clases y saber —si es necesario— pedir ayuda para superar sus vacíos de conocimiento y métodos pedagógicos.
Nicaragua necesita que sus estudiantes aprendan cada día más, leer comprensivamente lo garantiza y evaluar oportunamente ayuda mucho a que los estudiantes lean mejor. Trabajemos porque nuestros niños de hoy tengan mañana un futuro digno. La autora es experta en educacion
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A