País de epitafios morales

Freddy Blandón

En nuestro país es fácil comprender que las transiciones políticas desordenadas y los conflictos políticos y sociales nos han costado como nación, una buena parte de nuestro capital productivo y social, y de ahí, nos haya situado —en el nada orgulloso segundo lugar— entre los países más pobres de América Latina. De esa realidad, se nos impone como sociedad la responsabilidad de evitar repetir los errores que en el pasado nos llevaron a la disociación y ruptura social.

Por eso no es menos cierto, que esa crisis provocada por nosotros —los propios nicaragüenses—, que nos han afectado por décadas hayan —paradójicamente— contribuido a que valoremos y aprendamos a valorar el diálogo, ya que este genera una sociedad más estable y pacífica, pero sobre todo establece un marco conducente a la creación de riqueza y prosperidad; tal y como lo corroboran civilizaciones y Estados modernos de nuestro entorno inmediato.

También resulta cierto que tenemos un desafío permanente, cual es construir una Nicaragua próspera que resulte en un mayor bienestar para todos los nicaragüenses. De donde resulta determinante entender los roles que cada uno de nosotros debemos asumir para contribuir ese objetivo impostergable.

Por lo que resulta una falacia que editores, periodistas y políticos se nos quieran presentar como los grandes referentes de la integridad y la razón, y con su iluminado pensamiento y pluma nos quieran imponer paradigmas de actuación al resto. Eso se aprecia claramente cuando este grupo de “prominentes y destacados miembros de la sociedad nicaragüense” hacen todos los días esfuerzos ingentes para ensombrecer los objetivos y motivaciones de la misión empresarial que viajó a China Continental recientemente; recurriendo vilmente a una serie de “epitafios morales” y a “frases lapidarias” que pretenden descalificar el actual liderazgo empresarial de nuestro país, que ha encontrado en el diálogo una forma efectiva para alcanzar consensos en beneficio de la nación.

Las descalificaciones son extensas, comenzaron señalando en tono de guasa, que se trataba de un “tour”. Han tratado de deslegitimar la representatividad gremial empresarial y su liderazgo, al plantear que la delegación empresarial que viajó no representa a todo el sector privado, que solamente representan a la “cúpula empresarial”; con el malsano interés también de dividir, al expresar que “los empresarios más representativos no iban en la misión”.

De igual forma, han pretendido vender la idea de que el interés y objetivo del viaje de los empresarios es “una desventura para la tierra que los vio nacer”, ya que a los empresarios no le interesa la soberanía, el medioambiente y la transparencia, sino únicamente “velan por sus intereses”; y que la “gira turística” era para explorar únicamente sus propias oportunidades de negocios.

El nivel de descalificación apasionada que hemos observado llega al extremo de elucubrar que esta misión empresarial es parte de un plan maquiavélico, ya que lo que se pretendía con el mismo era montar una “operación de lobistas profesionales” para orquestar una caja de resonancia que se hará eco de los intereses foráneos y no los nacionales. Hasta llegar a decir, —escrito con una soberbia inaudita—, que los líderes empresariales piensan que ese viaje “bien vale la soberanía nacional”.

Los líderes empresariales no han contestado todos estos infundios ni lo deben hacer, ya que antes de partir explicaron claramente cuáles eran sus objetivos con esa misión empresarial, y mucho antes, ya se habían pronunciado con sendos editoriales institucionales, planteando por un lado, que el “Canal es una oportunidad histórica”, y de allí la importancia de que se convierta en un proyecto nacional y no de gobierno. Y por el otro, demandando que la concesión respete los derechos constitucionales de propiedad, la inmunidad soberana del BCN, el uso racional y sostenible de nuestros recursos naturales, la protección del ambiente y la biodiversidad; llegando inclusive a interponer un recurso por inconstitucionalidad parcial en contra de dicha ley.

Por eso resulta incomprensible, que habiéndose públicamente dicho por los líderes empresariales que se aceptaba “la invitación” que les hiciera el señor Wang para conocer sus empresas, pero condicionada a que esta fuera la oportunidad para expresarle sus preocupaciones, ahora estos prominentes y destacados miembros de la sociedad nicaragüense viertan dañinamente toda su animadversión; la cual solamente puede ser explicada por el hecho de que sus frustraciones políticas les ha obnubilado la razón y les ha envilecido como seres humanos. El autor es asesor legal del Cosep

Opinión moral país archivo

COMENTARIOS

  1. fernando
    Hace 13 años

    Parece que la oposición nicaragüense esta sola y sin un perro que le ladre. Como dijo el poeta: «Dios, Dios, ¡que solos que se quedan los muertos»

  2. juan pueblo
    Hace 13 años

    Somos un pais donde lo malo hace todo y lo bueno no hace nada.

  3. lector
    Hace 13 años

    «El tour empresarial» Como hieren los periodistas. Siempre con sus ganchos al higado.

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