Cirilo Antonio Otero
Dicen mis amigos del gobierno que no estar en un programa con el Fondo Monetario Internacional (FMI) es soberanía, autodeterminación y significa tener en las manos el destino del país.
El FMI es una institución multilateral que fue creada por los ricos del mundo para vigilar las economías de cada país del planeta. Vigilar que las economías de todos los países del mundo tengan capacidad de pago y le den aire al sistema capitalista mundial. Es decir, asegurar que el sistema continúe vivo y en acción, que se desarrolle más y más. El FMI es un policía vigilante de los dineros y de los números en cada país, esa es su tarea. No por el bienestar del país, sino para asegurar el negocio de los ricos acreedores, prestamistas y negociantes de capitales.
Hace algún tiempo, el FMI se inventó una estrategia de control para aquellos países que no tienen remedio, que no muestran camino al éxito sostenido, pero, que pueden seguir pagando deuda, aun a costa de empobrecer más a sus pueblos. A esa estrategia le llamaron acertadamente programa sombra, significa que no hay programa económico oficial entre el país y el FMI, pero, este último, sigue vigilando de cerca las operaciones y movimientos económicos del país de manera silenciosa y en la sombra.
Debemos recordar que divorciarse del FMI no es cosa fácil, no es soplar y hacer botellas, dice la jerga popular. Mientras no logremos superar, triplicar, los niveles de ingresos por exportaciones; aumentar los precios de nuestros productos en el mercado internacional; elevar la productividad del proceso de producción nacional y dejar de ser compradores compulsivos al mercado internacional. No podemos decir que estamos libres del FMI.
Entonces, Nicaragua ha iniciado un largo e insostenible periodo de relaciones no claras con el FMI, al no firmar un programa económico de dos o tres años. Aunque todos sabemos que Nicaragua es socio del FMI, tiene voz y voto en las decisiones del directorio, pero, la relación como país debe ser en el marco de un programa. ¿Por qué? Sencillamente porque estar fuera del programa perdemos dos cosas: uno, la oportunidad de ser beneficiarios de ayuda de emergencia a la hora de un desfase financiero nacional, y dos, le permitimos al organismo internacional, que luego diga que Nicaragua sale de la ruta por no estar en el marco de un programa. Es decir, le lavamos la cara al FMI, mismo que nunca ha resuelto favorablemente un solo programa para países pobres muy endeudados HIPC (por sus siglas en ingles).
Ser socio del FMI y considerarlo un amigo económico para el desarrollo de Nicaragua es como dormir con el enemigo. Debemos tener presente que al FMI solamente le interesan tres cosas de Nicaragua: primera, que sigamos pagando deuda externa con eficacia anualmente; segunda, que mantengamos el nivel de reservas financieras internacionales, que no bajen; y, tercera, que no permitamos la inflación a lo interno de la economía escuálida nicaragüense.
Si cumplimos con esas tres reglas seguimos siendo, como dice el FMI: Nicaragua tiene una economía exitosa y en crecimiento. Todos sabemos que solamente abonamos a los intereses de nuestra deuda, que ya pasa de los 9.0 mil millones de dólares, porque nos hemos amarrado terriblemente la cintura; porque ahora tenemos más pobres extremos y porque ahora nos alegramos cuando nos regalan cinco láminas de zinc y compramos ropa usada, por eso le caemos en gracia al FMI. Por eso dicen que las administraciones Ortega/Morales y la Ortega/Halleslevens son excelentes alumnos del FMI. El autor es Sociólogo e investigador social