Fátima Arellano
Sabemos que el sol es fuente de vida que nos proporciona luz y calor, pero también se ha comprobado que es perjudicial cuando nos exponemos a un conjunto de radiaciones electromagnéticas, como radiación ultravioleta (RUV) y la radiación visible, la del día.
De acuerdo con el doctor Jorge Neira, dermatólogo de la Clínica Piel de Ángel, la radiación ultravioleta contiene UVB y UVA (ultravioleta B y ultravioleta A). Estas radiaciones varían según el día. Los UVB son más abundantes en la mañana y, a medida que pasan las horas, los UVA se van intensificando, además de las fuentes artificiales que pueden emitir radiación ultravioleta como las lámparas de mercurio, tubos fluorescentes de luz visible, monitores de televisión y computadoras.
“La radiación UV que incide en la tierra puede ser reflejada, transmitida o dispersada en el medio. La respuesta biológica está determinada por la penetración y absorción de longitudes de ondas, a las cuales las células son sensibles. Los rayos UVB (315-280nm) son responsables de la mayor parte de los efectos biológicos como quemaduras solares, pigmentación y fotoenvejecimiento. Los rayos UVA (400-315nm) producen eritema (piel roja), pigmentación, fotoenvejecimiento y cáncer (fotodaño)”, explica el doctor Neira.
CÁNCER DE PIEL
El fotodaño forma parte de las reacciones crónicas o tardías de la exposición solar y denota un envejecimiento cronológico más fotoenvejecimiento. Según explica el doctor Neira, se expresa por una serie de cambios cutáneos, causados por la exposición crónica a las radiaciones ultravioletas. “Puede considerarse como el deterioro gradual, estructural y funcional de los elementos constitutivos de la piel a través del daño acumulado al ADN por exposiciones prolongadas a RUV. La epidermis se afecta por la UVB y la dermis por la UVB y UVA”.
Las manifestaciones del fotodaño se traducen en fotoenvejecimiento, que no es más que engrosamiento de la piel, arrugas gruesas, hiperpigmentación (aumento del color) y cáncer cutáneo.
“Las repetidas y continuas exposiciones al sol son la principal causa del fotoenvejecimiento. La piel comienza a mostrar estos signos entre los 30 y los 35 años, ya que la piel se vuelve más delgada y menos elástica. Hay arrugas finas que luego se hacen más gruesas y más acentuadas”, expone el especialista.
CAMBIOS MÁS NOTABLES DEL FOTODAÑO
El dermatólogo afirma que el fotodaño también predispone a la fotocarcinogénesis, que es la aparición de las lesiones cutáneas premalignas como la queratosis actínica y malignas como el carcinoma basal y el melanoma maligno, que surgen como consecuencia de exposiciones prolongadas a RUVB”, afirma el especialista.
Agrega que la fotocarcinogénesis se entiende como la inducción de lesiones precancerosas y carcinomas en la piel por efecto de la exposición al sol. “Se conoce que las exposiciones solares acumuladas a lo largo de la vida, así como las exposiciones solares cortas pero intensas, incrementan el riesgo de cáncer cutáneo, sobre todo si la exposición es suficiente para causar una quemadura solar y si ocurre más en la infancia. En caso de los cánceres de piel no melanocíticos (no melanoma) el riesgo se relaciona más con la exposición total acumulada en la vida. En el caso de los melanomas es mayor con las exposiciones intensas e intermitentes típicas del verano”.
Otro detalle que también hay que valorar es el tipo de piel de la persona, que va desde el pelirrojo hasta el de piel morena. La piel clara es la más delicada y propensa a quemaduras solares, por eso es muy importante que todos los días, soleados o nublados, protejas tu piel con bloqueador solar que contenga un factor de protección mayor a 50, y que evites exponerte al sol en las horas en las que brilla con mayor intensidad.
Se recomienda aplicar el protector solar cada cuatro horas y cada dos, si hay sudor excesivo, contracto con el agua o una exposición solar prolongada.
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