Democracia en crisis

Eliseo Fabio Núñez D.

Durante la década del noventa América Latina vivía el esplendor de la democracia, las dictaduras se diluían en un pasado cada vez más oscuro, los pueblos miraban cómo el sufragio universal era restituido como derecho ciudadano y, con la única excepción de la Cuba de los Castro, el resto de países del continente se podía decir que había logrado superar sus etapas postindependentistas llenas de golpes de Estado y autoritarismo militar.

Junto a la restauración de la democracia vino también una oleada de ajustes económicos, basados en tesis de austeridad y sujeción estricta del déficit fiscal. Es decir, también fue una época de apretarse el cinturón, una época de recortes a los gastos sociales y de achicamiento del Estado y sus servicios. Las privatizaciones de empresas de servicios públicos nos fueron presentadas como solución mágica a la deficiencia de estas, los bancos de fomento, los subsidios, la asistencia social y otras políticas del Estado de bienestar desaparecieron no sin antes diabolizarlas al extremo de presentarlas como la causa de la pobreza y la desigualdad.

A la cabeza de este esfuerzo se encontraban el FMI y el Banco Mundial, eran los policías financieros del mundo y especialmente de América Latina, aplicaban sus llamados “planes de ajuste estructural” aún a costa de que las democracias recién restauradas o instaladas aparecieran como productoras de gobiernos autómatas que sin importar su signo político, aplicaban la misma receta y perdían popularidad casi de manera automática, la democracia como modelo de buen gobierno parecía estar robándole el bienestar a los pueblos y no generándolo.

No dudo que estos planes económicos fueron necesarios aplicarlos en razón del desastre económico que nos dejó la época de los gobiernos populistas que se sucedieron en la región, en donde la norma era la inflación y el sobreendeudamiento. Necesarios sí, pero si las democracias surgieron como producto del cansancio de los pueblos al autoritarismo, estas mismas democracias hoy sucumben ante nuevos modelos autoritarios, que aprovechando las carencias de la población estructuraron discursos que prometen volver la mirada hacia los pobres y restituir los derechos robados por el llamado neoliberalismo, escondiendo detrás de este discurso una aversión por el Estado de Derecho y un rechazo al modelo democrático. Ambos conceptos han entrado en crisis porque para la mayoría de los pueblos no fueron sinónimo de bienestar.

Esto fue posible debido a que aunque los planes de ajustes económicos resolvieron el problema macroeconómico, jamás estuvieron acompañados de un cambio de modelo en la estructura social de nuestros países que permitiera la creación o fortalecimiento de una clase media vigorosa. Se dejó así un enorme boquete por donde el autoritarismo entró y hoy nos venden su nuevo modelo llamado socialismo del siglo XXI, donde tampoco se ha movido un ápice el modelo social de inequidad, pero se le entrega a los más pobres dádivas y a los más ricos ganancias. Un modelo preciso como para volar en pedazos la clase media de nuestros países, pero la sorpresa es que ahora tanto el FMI como el Banco Mundial defienden este modelo y muestran una flexibilidad que se pensaba inaudita en tiempos en que las jóvenes democracias luchaban por sobrevivir, cuando se les pedía que se nos permitiera aplicar paliativos a la pobreza a fin de conseguir que la población nos acompañara a las democracias en el esfuerzo de reconstruir las economías dañadas a la vez de crear la cultura democrática.

Es decir los autoritaristas de hoy han encontrado la mesa servida, las economías ajustadas, las reservas de divisas sanas, el endeudamiento adecuado al tamaño de nuestras economías, todo esto producto del esfuerzo democrático que hoy sucumbe ante la imagen de ineficacia con que se le quiere pintar y que respaldan los largos años de carencias y recortes. Estamos viviendo una paradoja donde la democracia pierde su contenido producto de su propio éxito reparando el daño económico que fue causado en la región, peor aún ante esta arremetida del autoritarismo ya no encontramos en los programas del FMI o el Banco Mundial el llamado componente de gobernabilidad que antes fue exigido y que ahora se pasa por alto olímpicamente, es decir el autoritarismo tiene financistas. El autor es diputado.


Opinión democracia política archivo

COMENTARIOS

  1. Emilio
    Hace 13 años

    Democracia en Crisis??? Yo tambien escribire mi propio articulo llamado: «OPOSICION NICA EN CRISIS…. GRACIAS A SUS «REPRESENTANTES», QUE SIEMPRE SON LOS MISMOS».

  2. fultp
    Hace 13 años

    Excelente analisis sobre las politicas economicistas de los paises «democraticos. Lo peor de todo es que los movimientos revolucionarios gestados para combatir tanta iniquidad, terminaron siendo comprados por los grupos de poder economico, dejando al pueblo a merced de los banqueros usureros y de los politicastros que solo les intersan sus inyereses personales.

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