Desde el final de la Segunda Guerra Mundial cuando Corea logró su independencia del Japón, Corea quedó dividida en dos países: la República de Corea (Corea del Sur) y la República Popular Democrática de Corea (Corea del Norte).
A pesar de su nombre oficial, Corea del Norte no tiene ni pizca de democrática. De hecho es una monarquía dinástica y totalitaria mandada por una sola familia, los Kim. El fundador de la dinastía, Kim Il Sung, llegó al poder con el apoyo de la entonces Unión Soviética y su dictador Stalin. Fue seguido por su hijo, Kim Jong-il y recientemente por uno de sus nietos, Kim Jong-un.
Durante los años en que Corea fue parte del imperio japonés, el norte del país era la parte más desarrollada de la península. Allí estaba la base industrial de Corea y su capital. El sur era atrasado y dedicado principalmente a la agricultura y la pesca.
Los Kim crearon un “paraíso para el pueblo”. Su primer proyecto fue invadir a Corea del Sur para unificar a la península bajo, por supuesto, un régimen totalitario comunista presidido por Kim Il Sung. Casi logra este objetivo. Si no hubiera sido por la intervención militar de la ONU, incluyendo Estados Unidos, Corea del Sur hubiera desaparecido. La cruenta guerra de Corea duró cuatro años y dejó un saldo de muerte y destrucción que afectó a toda la península. A su final, la zona de demarcación fue prácticamente la misma que existía antes —el paralelo 38— y nunca se firmó un tratado de paz. Lo que hubo fue un armisticio.
En las décadas siguientes, ambos países siguieron caminos radicalmente diferentes. Corea del Sur abrazó a la economía del mercado y a la democracia e invirtió en educación, salud e infraestructura. Además, acogió entusiastamente los desafíos de la globalización y se integró al concierto de las naciones. Se hizo miembro de la ONU y prácticamente todas las otras instituciones de colaboración internacional (como el Fondo Monetario, Banco Mundial, Organización Mundial del Comercio) y se transformó en uno de los éxitos políticos, económicos y sociales más grandes de la historia.
Hoy, Corea del Sur tiene un Producto Interno Bruto (PIB) de US$$1.1 billones, el décimo tercero más elevado del mundo. Su ingreso per cápita es US$$21,000, el sector industrial es igual al 40 por ciento de su PIB y es altamente sofisticado, y sus exportaciones anuales son iguales a US$$470 mil millones. Tiene reservas internacionales iguales a US$$290 mil millones, e invierte el 15 por ciento de su PIB en educación y salud. Finalmente, goza de una democracia vibrante en donde el pueblo acaba de elegir a su primer presidente mujer.
Al norte del paralelo 38, las cosas son muy diferentes. Los Kim han optado por cerrarse al mundo y rechazan totalmente la transparencia. Por eso es imposible tener una visión precisa de cuán mal andan las cosas. Sin embargo, se estima que Corea del Norte tiene un PIB de tan solo US$$28 mil millones, a duras penas igual al dos por ciento del de su vecino sureño. Sus exportaciones anuales son de US$$2.6 mil millones ¡prácticamente iguales a las de Nicaragua!— y su pueblo pasa por hambrunas recurrentes que han resultado en más de dos millones de muertos. Piongyang, su capital, tiene hermosas plazas y edificios de gobierno, pero no se ven carros en sus calles, y sus casas e impresionantes edificios carecen de calefacción en el invierno. ¿Han notado que Kim nunca se quita su abrigo durante el invierno aún cuando está en reuniones en espacios cerrados?
Corea del Norte es un país mendigo que vive de la caridad china y de chantajes periódicos que les hace a sus vecinos ricos: Corea del Sur y Japón y a los Estados Unidos. A cambio de plata y alimentos, los Kim ofrecen no agredirlos militarmente. ¿Qué les parece?
Esto me lleva a lo más extraordinario de este extraño y anacrónico país. Tiene el aparato militar más grande del mundo. Entre su ejército regular, reservas y unidades paramilitares, cuenta con más de 9.5 millones de efectivos y un arsenal de armas convencionales inmenso. Y tiene un incipiente programa de armas nucleares incluyendo entre cinco y diez bombas. Sus gastos militares se estiman en US$$6 mil millones, igual al 21 por ciento de su escuálido PIB. Para poner esta cifra en perspectiva, los Estados Unidos, China y Rusia gastan aproximadamente el cuatro por ciento de su PIB en defensa, Corea del Sur 2,7 por ciento y Japón tan solo el 0.8 por ciento.
Esta política de ¡lo militar primero! ha empobrecido al pueblo. Millones de norcoreanos han emigrado del paraíso de los Kim, principalmente a la China. Pero aunque todos son iguales en Corea del Norte, hay algunos que son más iguales que otros. Los soldados, por ejemplo, son bien alimentados y los miembros de la nomenclatura política-militar norcoreana no carecen de carros, climatización y casas cómodas. Y, por supuesto, los Kim han vivido, y siguen viviendo, como maja rajas. Ellos tienen lo que le niegan a su pueblo: acceso al mundo. Kim Jong-un, el actual dictador de Corea del Norte, por ejemplo, estudió en Europa y sigue lo que está pasando en el planeta a través del internet y televisión satelital. Por eso, quizás, la afición de Kim Jong-un con el baloncesto estadounidense y Michael Jordan. Y quizás por eso recibió como embajador no oficial estadounidense a una controversial y cómica figura del deporte norteamericano, el exjugador de baloncesto Dennis Rodman. ¿Cuál fue el mensaje que Rodman trajo a Estados Unidos de Kim? ¡Que me llame Obama!
¡Clase de interlocutor con Washington y clase de mensaje!
El autor fue Canciller de Nicaragua.
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