La infantil literatura

Se cree a veces que escribir cuentos para niños consiste en hacer alarde de una imaginación ingenua, conseguir una trama medio consistente y presentarla con ilustraciones a los cándidos lectores. Es algo de eso, pero es más.

Ezequiel D’León

Se cree a veces que escribir cuentos para niños consiste en hacer alarde de una imaginación ingenua, conseguir una trama medio consistente y presentarla con ilustraciones a los cándidos lectores. Es algo de eso, pero es más.

Mis pocos intentos de escribir relatos infantiles me ha dejado claro que mi imaginación adulta está rodeada de prejuicios múltiples que me impiden la creación espontánea. La imaginación de la niñez está rodeada de libertades sin límites. No basta tampoco con conectar con nuestro supuesto niño interior y a partir de allí relatar historias candorosas.

Además, el tipo de imaginación que actualmente tienen los niños supera los límites de nuestras generaciones anteriores. El bombardeo de la televisión, la internet y las animaciones 3D, las trampas de la publicidad, los videojuegos y muchas más fuentes con las que se está en contacto hoy como infante sobrepasa en cantidad la información que a veces creemos no es posible que maneje la infancia en sus cabezas y corazones.

Creo que hacer literatura infantil, además de conectar con nuestro supuesto niño interior, exige verdaderamente un desdoblamiento espiritual, un real trance hacia ese mundo donde realidad y ficción son una misma cosa, gracias sobre todo al condimento más esencial: el valor de asombro que le atribuimos a circunstancias y personajes arquetípicos. Porque pareciera que cada cuento infantil aspira, muy en el fondo o casi por definición, a dejar la huella de un personaje definido o varios personajes bien modelados y caracterizados, únicos, en un ambiente psicológico específico que parezca además irrepetible, una serie de enigmas que subliman la historia, una escenografía mágica, etc.

Pese a todo esto, yo pienso continuar con mis intentos de relatos infantiles, a ver qué nos nace escribir un día de estos en tal sentido. Como afirmaba Monteiro Lobato, un soplo de viento enviado por Eolo vendrá a ayudarme.

Pero en todo caso, lo que quiero decir a fin de cuentas es que hacer cuentos para niños es un viaje sin garantías de retorno, es una tarea no solo destinada a la imaginación sino también a la sensibilidad más profunda, esa con la que nacen ánimos por descubrir y aventurarse aun en lo desconocido que habita dentro del imaginario inconsciente de quien escribe.

Cultura literatura niños archivo

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COMENTARIOS

  1. Carola Brantome
    Hace 13 años

    Seguí escribiendo literatura infantil, no te detengás, no te busqués condiciones o fórmulas, escribí bien y listo. un saludo poeta.

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