Ya sea que se le dé crédito o no a los datos de las encuestas que miden la opinión ciudadana sobre los partidos políticos de oposición, no se puede negar que estas organizaciones de derecho público se encuentran en una situación crítica, desastrosa inclusive.
La crisis de los partidos políticos opositores no se debe solo a su exigua representación en las instituciones del Estado. Su mala situación se deriva más bien de que carecen de consistencia organizativa, les falta capacidad de respuesta pública y no tienen una propuesta programática creíble, alternativa al Gobierno. Y por si fuera poco, la gente percibe globalmente a la oposición como timorata, incluso colaboracionista o permisiva con los abusos del régimen.
Sin embargo, en la misma crisis que sufre la oposición política partidista se encuentra una gran oportunidad que los partidos opositores, o mejor dicho sus dirigentes, deberían poder mirar y saber aprovechar. Nos referimos a que la crisis es también una situación oportuna para que la oposición actualice sus planteamientos programáticos y establezca mecanismos para una mejor relación con los ciudadanos. La oposición debe renovar los liderazgos personales, desechar aquellos que son anacrónicos y no tienen ya posibilidad real de recuperar la confianza de los ciudadanos. Aferrarse a denominaciones partidistas desacreditadas y a dirigentes desgastados, solo garantiza seguir debilitándose, mientras se fortalece el poder autoritario que se ha enquistado en el país.
Según informan los voceros de los partidos opositores, ellos están dedicados actualmente a un proceso de reorganización general, con el fin de elegir o designar nuevas directivas, desde las de base hasta las de nivel nacional. Pero esto no lo están haciendo por su propia voluntad e interés, sino porque la dirección de control de los partidos políticos del Consejo Supremo Electoral (CSE), les advirtió que deben normalizar en el presente mes de febrero la situación de su organización y sus directivas.
Además, para comenzar a salir de la crisis organizativa y para aspirar a la recuperación de la confianza de los ciudadanos, lo que necesita la oposición no es una renovación formal de directivas, ni la continuidad de las anteriores, o sea fingir que se cambia para no cambiar nada. Para convertir la crisis en oportunidad, lo primero que tendría que hacer la oposición es autocriticarse honestamente, reconocer los errores y las malas prácticas políticas que causaron la debacle institucional que sufre el país arrastrándolos a ellos mismos, aclarar su visión de la realidad, mejorar la relación con la gente, presentar propuestas programáticas y aplicar las estrategias que sean necesarias para acreditarse como alternativa de solución y de poder. Y antes que todo eso, depurar sus dirigencias, mandar a retiro a quien sea necesario jubilar.
Quienes conocen el idioma chino dicen que el mismo ideograma o palabra que significa crisis, también quiere decir oportunidad. O sea que para los chinos no es solo una metáfora, que donde hay una crisis se encuentra también la oportunidad de superarla y salir adelante. Para lo cual se requiere, sin duda, lucidez para ver la realidad tal como es, coraje para enfrentarla y hacer los cambios necesarios, por muy drásticos que sean y parezcan, y voluntad de aprovechar las posibilidades que existen aún en las peores situaciones de crisis, merecidas o inmerecidas, por las cuales se tenga que atravesar.
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