Raúl Benoit

La tolerancia no es a conveniencia

Cuando hablamos de valores ciudadanos la tolerancia es uno de los más preciados, pero algunas personas, apoyadas en ese privilegio, ultrajan otras obligaciones humanas como son la ética y la moral.

Tolerar es bueno pero hacerlo sin reglas puede ser malo para el equilibrio de la sociedad y lastima el derecho particular de quienes tienen otro estilo de vida, respetable mientras no violente el derecho ajeno. Hay casos en los cuales afecta las relaciones personales y sociales e incluso pudiera poner en riesgo la seguridad física y la vida.

La conducta pública debe dar un buen ejemplo, tanto como el comportamiento privado frente a la familia o los colegas de trabajo, porque de allí se deriva uno de los equilibrios más importantes de la sociedad: el respeto.

Lamentablemente, por alguna razón de lucha individual, hoy día el proceder de la gente se basa en la intolerancia y el atropello. No hay respeto por los ancianos y los niños, por ejemplo.

Se cuidan más las mascotas que al prójimo. La tolerancia recomienda aceptar que el vecino tenga un perro bravo, por el que nos bajamos del andén en un barrio residencial o nos arrinconamos en un elevador del edificio para que no saboree un trozo de pantorrilla, o en otros casos, soportar que haga porquerías donde el animalito le plazca. Esos dueños de mascota son intolerantes como los que las aborrecen.

También son intolerantes los conductores bravucones que provocan accidentes cuando se sienten agredidos porque reducimos la velocidad para dar paso a otro carro o a una persona.

Un ciudadano amable ahora es visto como anacrónico, aunque sea civilizado.

La tolerancia se ha convertido en un símbolo para cruzar la línea entre el derecho de las minorías y el bien común. Quienes se muestran abiertos con la comunidad gay son aplaudidos por ellos y vistos como modernos, pero, los que piden que las expresiones excesivas de amor o eróticas las circunscriban a su ámbito íntimo, son calificados de intransigentes.

¿Por qué no tener indulgencia con quienes prefieren que sus hijos no reciban ese mensaje hasta que tengan una edad adulta?

La tolerancia a veces es nociva. Una pareja donde uno de los dos sea violento poco a poco se torna en complicidad, en dependencia enfermiza, hasta que la víctima llega a creer que se merece los maltratos físicos y sicológicos.

Tolerar a un fumador insolente en público es malo para la salud. Tolerar a un adicto a las drogas o alcohólico, solo por no perderlo, es no tener dignidad.

Uno de los errores más comunes de la sociedad es tolerar el delito, como el narcotráfico. Es muy fácil cruzar la línea de lo legítimo a lo ilegal, por codicia. Hace más de 20 años el amor ciego llevó a la diva colombiana Virginia Vallejo a tolerar a un delincuente y asesino como Pablo Escobar, quien era su amante.

El periodismo deportivo, sabiendo que los narcos financiaban los equipos de futbol, se hicieron los de la vista gorda frente a los crímenes y el terrorismo.

La tolerancia no es un valor a la medida dosificado de acuerdo con la conveniencia. Debe ser una norma colectiva para el bien individual, el de la familia y el de toda la sociedad. El autor es periodista colombiano

Opinión conveniencia tolerancia archivo

COMENTARIOS

  1. Niña Victima de los Ochenta
    Hace 14 años

    La tolerancia posee limites. Mantiene el equilibrio justo de las cosas, por eso cuando el equilibrio se rompe, en la naturaleza de las cosas existen opuestos y extremos para forzar la coexistencia de la diversidad.
    Si la tolerancia en una sociedad se amenaza, la guerra entre extremos opuestos garantiza que ella siga existiendo. La existencia misma solo cabe si es inherente a la fluctuación entre opuestos, extremos y equilibrio.
    No se puede ser tolerante cuando la tolerancia misma es amenazada!

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