Erick Ramírez
Los gobernantes dictatoriales siempre buscan parlamentos dóciles y diputados serviles que no escatiman doblar nuca y espalda cuando de satisfacer al dictador se trata. Son diputados que cuestan un dineral al pueblo y pertenecen a la especie a mudis-diputadis que nunca abren la boca salvo cuando preguntan si su cheque está listo. Pero no siempre ha sido así.
Uno de los diputados que dio al traste con este concepto de servilismo y sumisión fue Orlando Robleto Gallo, quien fue miembro de la Cámara de Diputados en el Congreso de tiempos de Somoza donde también existió la Cámara del Senado. Robleto Gallo protagonizó luchas titánicas parlamentarias por la libertad y la democracia y por la defensa de los sectores más vulnerables del país. Supuestamente habían diputados de oposición que eran conservadores pero estos, junto con sus compinches liberales, eran marionetas de Somoza. En estas circunstancias fue que se dio un episodio épico en el parlamento que demostró la convicción y fortaleza opositora de Robleto Gallo.
Fue electo diputado en 1967 a través de la Unión Nacional Opositora (UNO) que constituyeron los partidos Social Cristiano, Liberal Independiente y Conservador, coalición política que encabezó la lucha contra el continuismo en el poder de la familia Somoza. Pero, traicionando a la oposición, el presidente del Partido Conservador, Fernando Agüero, firmó en 1971 con Somoza el pacto Kupia-Kumi que le permitió al dictador reformar la Constitución e instaurar la reelección presidencial que estaba prohibida. /
Para allanar este camino el Congreso de la República, presidido por un marrullero somocista Cornelio Hüeck, debía disolverse y convocar a una asamblea constituyente. Fue entonces que se produjo la histórica y tenaz oposición de Robleto Gallo que mediante un encendido y patriótico discurso se opuso a esa maniobra que aseguraba la permanencia de Somoza en el poder. Mientras este hablaba las tribunas aplaudían y el ambiente era enloquecedor. Impotente y rojo de ira Hüeck llamaba al orden al diputado quien proseguía con su vibrante oratoria y fue ahí cuando en un arrebato de furia y soberbia ordenó que le quitaran el audio creyendo que así aplacaría al fogoso parlamentario quien lejos de amilanarse continuó con su intervención a viva voz compitiendo con Hüeck quien con los parlantes a su favor y a todo volumen trataba de neutralizarlo.
En el clímax de este episodio histórico el diputado socialcristiano a fin de hacerse oír se subió al escaño parlamentario y en una demostración de coraje sin límites continuó sin amilanarse su arenga antireeleccionista a todo pulmón logrando imponer su posición.
El Diario LA PRENSA en 1970 calificó a Robleto Gallo como el diputado que “se lleva las palmas en todos los récords, es el que más toma la palabra, el que le ha dedicado los mayores epítetos a Somoza (demente, mentiroso, incapaz). Representa al socialcristianismo, y mientras le cae la lluvia de denuestos de los liberales, hace como que está dormitando plácidamente. Es el que más cumple a cabalidad con su posición opositora, siendo el dolor de cabeza de la representación somocista”.
El 6 de julio de 1979, muere Orlando Robleto Gallo víctima de un fulminante derrame cerebral truncando su sueño de ver fuera del poder a los Somoza, a los que combatió con hidalguía y coraje./ Haber sido discípulo de Robleto Gallo es un alto honor que a veces resulta difícil de sobrellevar.
El autor es dirigente histórico socialcristiano