El 29 de junio se celebró el Día del Maestro nicaragüense. Como todos los años, volví a escuchar la frase: “El magisterio es un apostolado”. Sé que en la mayoría de los casos se usa con buena intención, aunque muchos políticos la han usado como un recurso vacío para tratar de congraciarse con el magisterio, sin embargo, creo que en general la frase es dañina.
Creo que es dañina porque nos mete en la cabeza, como sociedad, que el magisterio, la docencia, es algo que se hace porque a la persona “le nace” y está dispuesta a realizar esta tarea sin importar los sacrificios que ella conlleva. No dudo que la labor de docente conlleva también, para quienes deciden tomar esta carrera, muchas satisfacciones, pero como sociedad, por el cuento este del “apostolado” damos por sentado que también trae malos salarios, situaciones laborales difíciles como mala infraestructura de los centros donde laboran, excesiva carga de alumnos, necesidad de trabajar dos o más turnos para poder llevar el sustento a sus hogares, ningún reconocimiento social (real y no del diente al labio) y escasas oportunidades de capacitarse para crecer como profesional. En Nicaragua el salario básico de los maestros de primaria anda por los cuatro mil córdobas en las escuelas públicas, o sea unos 170 dólares al mes. Y el salario en las escuelas subvencionadas es de unos 3,500 córdobas, o sea menos de 150 dólares. Estos niveles de ingreso, aún con “bono solidario” incluido, no solucionan nada si tomamos en cuenta que la Canasta Básica supera ya los 10,500 córdobas. Ante esta situación, “advertirles” a los docentes que su carrera es “un apostolado” nos da cierta falsa tranquilidad de conciencia como sociedad ya que les estamos diciendo: “Bueno, ustedes escogieron esta carrera y esta carrera es así, es su apostolado”. Sin embargo, además de estar maltratando la profesión de docente nos estamos engañando a nosotros mismos como sociedad. El docente (de preescolar, primaria y secundaria y hasta el técnico) está probablemente entre las cinco profesiones más importantes de una sociedad. Eso lo han entendido bien sociedades como la finlandesas y la surcoreana donde los maestros están entre los individuos más apreciados de la sociedad y tienen salarios que les permite dar a su familia no solo una vida digna, sino cómoda. Según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) un maestro con 15 años de experiencia y entrenamiento mínimo en Corea del Sur ganaba en el 2007 alrededor de 55,000 dólares al año, y superaba dos veces el ingreso per cápita. En el caso de Finlandia, ganaban 38,000 dólares al año, igualando el ingreso per cápita de ese país. Estamos hablando de los países que ocupan entre el primero y tercer lugar de las pruebas PISA (Programa de Evaluación Internacional de Alumnos por sus siglas en inglés) que se realiza la OCDE cada tres años. Nuestros maestros ganan 2,000 dólares al año. Nicaragua ni sueña con participar en las pruebas PISA. ¿Podemos pasar del apostolado a la dignificación elevando el salario de los maestros e incluyendo claro un plan de capacitación competitivo para los mismos? El economista Adolfo Acevedo en un documento distribuido el 19 de junio por correo electrónico dice que “el gran rezago del salario básico promedio de los maestros respecto al salario promedio nacional genera una severa distorsión: las personas relativamente calificadas no podrán ser atraídas hacia la profesión docente mientras puedan devengar casi el doble dedicándose a cualquier otra actividad… Recuérdese que el techo de la calidad de la educación, es la calidad del personal docente”.¿Pero podemos dar una respuesta al problema? Según Acevedo estamos más cerca de lo que muchos pensamos. Según sus cálculos, para que los maestros alcancen el salario promedio tomaría una inversión de 1,642 millones de córdobas. ¿Suena a mucho dinero? En realidad no cuando para este año se estima una sobrerrecaudación de más de 5,000 millones de córdobas. No es que no podamos dignificar a los maestros es que simplemente no hay voluntad de hacerlo. [email protected]@GuayoPeriodista