Raúl Benoit

¿Sabes qué es urbanidad?

Los pretextos son variados, desde que no hay tiempo para tanta cortesía, hasta que ese estilo está pasado de moda. Lo actual es tomar ventaja de los demás, portarse de forma maleducada e intolerante, para destacarse en la nueva sociedad ¿o suciedad?

El profesor Manuel Antonio Carreño se volvería a morir espantado al ver los modales del siglo XXI. Él fue un venezolano, nacido en 1812, pedagogo, sobrino del profesor de Simón Bolívar.

Carreño escribió un manual de urbanidad y buenas maneras, el cual fue una materia de enseñanza escolar cuando yo estudié la primaria.

El maestro subrayaba que en los deberes para con Dios se encuentran las obligaciones sociales y los mandatos de la moral. Indicaba que el modelo de las virtudes, el padre más amoroso, el hijo más obediente, el esposo más fiel, el ciudadano más útil a su patria, esta unido a tener religión y respetar a un dios.

La mayoría de males y padecimientos sociales comienzan cuando sucumbe la fe, los valores familiares, hay pérdida de paz doméstica y crece la soledad individual de sus miembros a causa de excederse viendo televisión, navegar en la Internet y jugar nintendo.

El irrespeto a los padres es el primer síntoma de que la sociedad está enferma. Carreño se refería a los papás como los autores de nuestros días; los que recogieron y secaron nuestras primeras lágrimas; los que consagraron todos los desvelos a la difícil tarea de educarnos y labrar nuestra felicidad; deben ser para nosotros los seres más venerados de la faz de la tierra.

Los niños y jóvenes de hogares disfuncionales salen a las calles como animalitos salvajes que no distinguen las reglas sociales ni la urbanidad básica. No conocen las normas de Carreño, que, aunque parecen obsoletas, son fácilmente aplicables a cualquier tiempo: no masticar con la boca abierta; no morderse las uñas; no fumar en la calle o sin haberle pedido permiso a quien esté a su lado.

Creo que hoy, basados en que Carreño nos enseñaba a ser limpios, corteses y cívicos, podríamos añadir muchos cánones de urbanidad tan sencillos como estos: no tener mal aliento y conservar los dientes limpios; ir vestidos de manera decorosa sin exhibicionismos. Comportarse en la mesa y no masticar con la boca abierta o hablar sin haber tragado la comida. No hurgarse la nariz en público y lo más primordial, no saborearse después como si fuera un manjar delicioso. No gargajear ni escupir en la calle. No hablar en voz alta por el celular.

Por otro lado, es gratificante el civismo: dar información correcta a la persona que requiera ayuda; facilitar el paso a quien lo pida aunque lo haga de mala gana (al final lo que nos debe importar es nuestra buena acción); ceder el asiento a las damas o abrirles la puerta del auto; ayudar a los ancianos y respetarlos por su edad a pesar de sus caprichos; saludar, decir buenos días, buenas tardes, en especial a los compañeros de trabajo o de estudio, con quienes compartimos la mayor parte del tiempo cotidiano. Llamar a los padres y abuelos para saber de su salud. Dar gracias.

No es pedir mucho. Hay que tener una mínima dosis de urbanidad social y humana, en este mundo repleto de intolerancia.

El autor es periodista colombiano.

Opinión

COMENTARIOS

  1. Juan Perez el Incredulo
    Hace 14 años

    Este comportamiento es tambien parte del resultado de esta sociedad organizada y llamada capitalismo de libre empresa y que funciona sin regla alguna, donde los tiburones se tragan a las sardinas sin asco y justificados por reglas que ellos mismos imponen. O sea el vivo se limpia en el tonto, el letrado se aprovecha del iletrado, el poderoso del pobre. Ni mas ni menos esclavitud economica. Cuanto das: Cuanato ofreces y al final te fuiste en el saco. Esta es la educacion de la nueva sociedad.

  2. JOSE DAVID LAGUNA
    Hace 14 años

    EL AñO pasado lei en esta seccion una queja de un famoso artista de
    antes. El decia que donde quiera que iba le abrian la puerta, le daban
    el asiento, lo dejaban pasar primero, todos le sonreian con respeto.
    Bueno, un tratado sobre atenciones y buena educacion para con el. Pero la queja de el era que habiendo sido el supermacho del cine, lo
    trataban como un anciano con mucha deferencia y atenciones al por
    mayor. Ya murio, pasaba de los 80 años. Era Burt Lancaster estrella
    de Trapecio la movie.

  3. Denso
    Hace 14 años

    Me gusta el articulo de Raul;es una manera de recordarle a los viejos y jovenes,que debemos saber comportarnos independientemente de los ideales de cada quien;aunque le recuerdo a juan perez;que si de mal educados se trata,el mejor ejemplo de ello son los sandias orteguistas que son los que crearon las «turbas divinas»,malandros orteguistas especializados en darles paliza a cualquier persona,ya sea joven,viejo,mujer,usando palos y el lenguaje mas soez que ser humano se pueda imaginar

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