En su artículo publicado en LA PRENSA el domingo 3 de mayo corriente, titulado ¿Por qué Grecia? Mario Vargas Llosa habla de todo lo que la humanidad en general y Europa en particular le deben a la historia y la cultura de Grecia, país europeo que afronta actualmente una crisis económica y social sin precedente. Con sus palabras magistralmente hilvanadas Vargas Llosa nos recuerda que los griegos “nunca conquistaron a pueblo alguno y solo combatieron en defensa de su libertad”, pero dominaron al mundo entero discretamente con su sabiduría y su cultura que se desparramó por toda la faz de la Tierra.
“Maravilla —escribe el Premio Nobel peruano— que un pueblo tan pequeño y poco cohesionado políticamente, hecho de unas cuantas ciudades y colonias repartidas por Europa y el Asia menor, que conservaban un enorme margen de autonomía entre ellas, un pueblo tan instintivamente reticente a conformar un imperio, a practicar el imperialismo y a someterse a la prepotencia de un tirano (como hicieron todos los otros) haya sido capaz de dejar en la historia de la humanidad una huella tan honda, tan presente todavía tantos siglos después, en tanto que casi todos los otros grandes imperios y civilizaciones —los persas y los egipcios por ejemplo— sean ahora sobre todo, sin olvidar ninguna de sus maravillas, piezas de museo”.
Tristemente, ese pueblo que ha sido ejemplar por su historia y su cultura, sufre actualmente la peor de todas sus crisis y pende sobre él una de las peores amenazas de su larga y gloriosa pero también azarosa historia; crisis que incluso ha puesto a Grecia al borde de dejar de formar parte de Europa (de la Unión Europea para ser más precisos).
Explica el periodista y escritor norteamericano Thomas L. Friedman, que la tragedia económica y social que sufren los griegos actualmente se debe a que sin merecerlos “disfrutaron de los `dividendos alemanes´. Es decir, como miembros de la eurozona disfrutaron de tasas de interés a niveles alemanes aunque no fuesen ni tan productivos ni disciplinados como los ahorristas y trabajadores alemanes. En vez de usar esos dividendos para modernizar sus economías y así ganar competitividad y productividad, se volcaron al mercado inmobiliario o a una fiesta de consumo que dañó severamente sus bancos y las hojas de balance de sus países. Ya no hay escapatoria: hay que pagar la cuenta”.
Dicho con otras palabras, los griegos son culpables y víctimas de su propia desmesura, de la hybris como la llamaron en la antigüedad y la calificaron como el más grave pecado y falta que persona o pueblo podría cometer.
La hybris era y es el orgullo vano, la soberbia, la insolencia, el desenfreno, la falta o la pérdida del temor a los dioses, la arbitrariedad, la violencia y tantos otros defectos de la vida personal y social.
No fue en vano que Hesíodo, el gran poeta griego del siglo octavo o séptimo de la época anterior a Jesucristo a quien le debemos el conocimiento del origen de los dioses y de la rica mitología de la Grecia clásica, advirtió que la hybris es la “causa de la creciente desventura de los hombres”. Zeus, es decir Dios, “que habita encumbradas mansiones… fácilmente hunde al poderoso, fácilmente rechaza al ilustre y engrandece al ignorado y fácilmente endereza al torcido y humilla al orgulloso”, señaló Hesíodo con gran sabiduría, pero sus advertencias no siempre fueron atendidas, ni antes ni ahora.
Así lo demuestra la crisis que ahoga ahora a los griegos porque no aprendieron las enseñanzas de su historia y de sus ilustres pensadores que les advirtieron a sobre la grave falta de la hybris.
Grecia sufre actualmente una de las peores crisis de toda su larga y gloriosa pero también azarosa historia; una crisis que la ha puesto al borde de tener que dejar de formar parte de Europa (de la Unión Europea para ser precisos); una crisis que sin duda se debe ante todo a su propia desmesura, es decir, a la hybris que ya en la antigüedad les fue advertida por Hesíodo.
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