Para lograrlo, toma en cuenta lo siguiente:
*Los compromisos deben ser personales: el escenario más común es que uno presenta su queja y lo que necesita que la otra persona haga o deje de hacer para acabar con su sufrimiento o incomodidad. La otra persona aprueba el acuerdo, ya sea porque conscientemente cree que estaría bien hacer lo que se propone, para que la otra persona “quede tranquila” o para conseguir algunos días de tranquilidad para sí mismo. Invariablemente, la persona termina rompiendo el compromiso porque no tiene motivación interna para cambiar.
*Encontrar tu propio compromiso personal: preguntarse: ¿qué puedo hacer para sentirme mejor ante lo que pasa? La respuesta debe plantearse desde la responsabilidad que tenemos por nuestra propia insatisfacción o sufrimiento y, por tanto, debería ser diseñada desde el trabajo sobre nuestra propia vida interior, no desde el hacer algo para cambiar lo que pasa fuera de nosotros mismos.
*Trasladar la atención de afuera hacia adentro: cuando nos enfocamos en lo que el otro está haciendo para cumplir el acuerdo, empezamos a juzgar, medir y tratar de controlar lo que el otro hace. A la única persona que tenemos el derecho de juzgar, medir y controlar, es a nosotros mismos. Cada adulto se encarga de sus propios procesos de cambio.
Los cambios y el compromiso son difíciles para el ser humano. No queda más que llenarnos de paciencia, compasión por el otro y aceptación (que no es lo mismo que resignación) del otro a como es.
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