Migdonio Blandón

Año nuevo para una vida nueva

El año nuevo que con este mes de enero, por gracia de Dios, iniciamos, es una nueva oportunidad que por su infinita misericordia a todos nos da, en que con la debida conciencia, que a ÉL, creador del universo entero, todo se lo debemos, incluso ser redimidos por el martirio de su sacrosanto Hijo, en esta nueva fracción de tiempo, lograr reconciliados con el Padre, vivir como Él siempre ha querido que vivamos.

Este año es un nuevo y preciado regalo que sin excepción a todos nos ha dado y está en cada uno el saberlo aprovechar. Es tiempo apropiado para mediante una auténtica reconciliación con Él y con el prójimo vivir a plenitud de aquí al más allá. Así, antes que la vida se extinga actuando positivamente, borrar secuelas del errático pasado, en que quizá tergiversamos su voluntad, resumida en el Decálogo que dio a Moisés en el Monte Sinaí. Lo resumido en sus mandatos es para vivir una vida plena de aquí a la eternidad, y es de forma indiscutible el extracto de todo bien, sintetizado en el amor. Sí, Dios es amor, fuente única de vida y primaria razón de la existencia. Del amor genuino y verdadero sí. El definido en la Biblia por el apóstol Pablo, en el capítulo 13 de primera Carta a los Corintios, e interpretado por el obispo de Hipona San Agustín cuando dice Ama y haz lo que quieras. Dios, Padre amantísimo y al mismo tiempo Supremo Juez, al término ineludible de nuestra existencia terrena, viendo el balance de cada uno, conforme el uso hecho de los dones y las vitales actitudes, juzga con magnanimidad y justicia, según el caso requerido y mediante el conocimiento que en la vida de Él se ha tenido, sin excusa de ceguera espiritual ni de los ateos, ya que con libre albedrío cada quien ha elegido la vida a seguir.

Por todo punto de vista vale la pena hacer del nuevo año vida nueva. Es una oportunidad para muchos, incluyéndome, irrepetible. Cada día que pasa es un día menos del que si no se ha aprovechado, como se dice, ni sombras quedan. Y el futuro es incierto. Ni con todas las riquezas del mundo nadie puede comprar ni una mínima fracción de tiempo para alargar su existencia, DIOS nos da el tiempo, no lo vende. Únicamente lo que para ÉL tiene valor es el verdadero amor, que tampoco ni se compra ni se vende. Es solo por dicho valor que puede adquirirse en la vida actual la necesaria paz interior, que a pesar de múltiples sinsabores y desengaños si se mantiene latente la relación con DIOS, hay paz y felicidad, pues como ha dicho Santa Teresa quien a DIOS tiene nada le falta. Además mediante tan sublime relación se tiene actualizada la visa para su Reino.

Jesús nuestro Señor, cuya Natividad recién conmemoramos, al redimirnos, decidió quedarse en el Sacramento Eucarístico para enseñarnos el camino de la salvación. ÉL ha dicho bien claro que su Reino no es de este mundo, pero que dentro de nosotros está. Siguiéndole a ÉL que es camino, luz y guía, es la manera más expedita para exterminar la corrupción, la envidia y otra caterva de males, engendrados por la egolatría, adulteración concentrada del amor.

Dios, que nos da todo lo necesario para vivir como Él quiere, nos permita este año que su primer mandamiento sea nuestra meta a seguir, haciéndolo extensivo sin límites ni condiciones. El autor es miembro de ciudad de Dios y Redemptor Hominis.

Opinión
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