El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, dijo en declaraciones a CNN en español transmitidas el miércoles de esta semana que la libertad de prensa es “el corazón de la democracia”.
Insulza habló sobre las reformas que requiere la Carta Democrática Interamericana de la OEA, para tener eficacia en la defensa de la democracia cuando, según dicen sus artículos 18 y 19, “en un Estado Miembro se produzcan situaciones que pudieran afectar el desarrollo del proceso político institucional democrático o el legítimo ejercicio del poder”; y cuando ocurra una “ruptura del orden democrático o una alteración del orden constitucional que afecte gravemente el orden democrático ”. Es decir, cuando gobiernos surgidos del voto popular socavan las bases de la democracia y alteran sus reglas fundamentales, para sustituirla con cualquier forma de régimen autoritario. Y aunque Insulza expresó que es muy difícil, por no decir imposible, que la OEA apruebe reformas esenciales con ese propósito, reconoció que el cercenamiento de la libertad de expresión y de prensa constituye una alteración grave del orden democrático.
Ese mismo día, la agencia internacional de noticias Efe divulgó una información acerca de los asesinatos de periodistas ocurridos este año en varios países de América Latina, mayormente en México, Brasil y Honduras, citando como fuente a una ONG internacional denominada Campaña Emblema de Prensa (CEP), la cual tiene estatuto consultivo de las Naciones Unidas.
Al parecer, esos asesinatos han sido perpetrados por el crimen organizado, no por los gobiernos. Pero los gobernantes autoritarios también atentan gravemente contra la libertad de expresión y de prensa al acosar a los medios de comunicación independientes. Y luego proclaman cínicamente que sus acciones intimidatorias y represivas son para defender la libertad de prensa.
En la información de la agencia Efe antes mencionada, se dice que el presidente ecuatoriano Rafael Correa, quien es un enemigo declarado de la libertad de prensa, dijo en Caracas durante la fundación de la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (CELAC), a principios de diciembre corriente, que él sería capaz de “entregar la vida por la libertad de expresión”. Pero a continuación agregó que no hay que confundir ese derecho con el “abuso descarado” de los medios, como califica él la fiscalización del poder público que ejerce la prensa libre y las investigaciones y denuncias de corrupción que publican los medios independientes. O sea que el señor Correa niega en realidad el ejercicio de la libertad de prensa.
Ciertamente, no solo el crimen organizado ataca la libertad de prensa, asesinando a los periodistas. También disparan al corazón de la democracia los gobernantes autocráticos que clausuran medios de comunicación, ya sea directamente o por medio de la asfixia económica; que amenazan a los periodistas para obligarlos a autocensurarse o expatriarse; que concentran monopólicamente numerosos medios de comunicación con el fin de reducir los espacios de la libertad de expresión e imponer el pensamiento único oficial, etcétera, etcétera.
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