Es muy dudoso que el dominio absoluto que se ha recetado el partido gobernante de todos los poderes del Estado le permita superar las dos pruebas fundamentales que miden el ejercicio pleno de la democracia y el uso transparente de los recursos públicos.
Algunos en el oficialismo pueden considerar que estos dos conceptos son retóricos y que no encierran ninguna obligación para el gobierno, pero ignoran que tanto la Gobernabilidad como la Transparencia pueden convertirse en un verdadero talón de Aquiles para el frentismo.
La Gobernabilidad es la piedra angular de los regímenes democráticos. Esto abarca todas las libertades públicas y un sistema político con democracia plena. Esto es libertad política de asociación, de expresión, sin explotación ni revanchismo laboral y sin marginamientos de ningún tipo.
No se refiere al ejercicio vertical del llamado Poder Ciudadano o a la interpretación sectaria, antojadiza y excluyente de un socialismo trasnochado. El dominio de todas las instituciones estatales ciertamente se ajusta a un modelo dictatorial más semejante al absolutismo que a la democracia tal como existe en muchos países de América, Europa, Asia y el Pacífico Sur, más cuando esta concentración de poder nace del fraude electoral.
La Transparencia es hermana gemela de la Gobernabilidad y está claro que la primera no puede existir donde no hay democracia porque sencillamente en las dictaduras se pierden los controles que conllevan a una administración eficiente de los recursos públicos dando lugar a una corrupción generalizada. Esto es evidente en la enorme riqueza que ha acumulado la familia gobernante sin nada que respalde esta súbita bonanza.
Pero esto no concluye allí. Los organismos internacionales con los cuales el gobierno se jacta de tener buenas relaciones han puesto como condición básica para continuar su cooperación que en nuestro país exista la vigencia plena de la Gobernabilidad y Transparencia, asignaturas que este gobierno está lejos de superar. A como van las cosas esta situación tiende a agravarse y nunca a superarse.
La llamada crisis de la Eurozona, donde el derroche y el aumento sin control del gasto público han llevado al borde de la quiebra a naciones aparentemente desarrolladas, es una campanada de atención hacia nuestros países famélicos que viven sin control y con la corrupción al rojo vivo. De paso estos terremotos económicos han cobrado la cabeza de algunos gobiernos, demostrando que Gobernabilidad y Transparencia son como siameses, están unidos para suerte de los pueblos oprimidos.
La oposición, que debe encontrar nuevas banderas de lucha, debe entender que estos dos conceptos pueden apuntalar una lucha legítima sin temor a ser acusados de conspiración o de desestabilizadores, pues al final el propio gobierno será víctima de su sed de poder y del cáncer de la corrupción.
El frentismo amparado en los recursos sin control que recibe del Alba y cobijado con el manto cómplice de una Contraloría que al igual que Shakira es ciega, sorda y muda, cree tenerlo todo a su favor pero nada más falso. Cada vez se le hará más difícil aparentar una democracia a todas luces hueca que hace aguas por todos lados por los agujeros de la corrupción que la corroen. Tarde o temprano la factura internacional se hará sentir y será insostenible la cuerda populista por estar más estirada que el cordel de Cantinflas. Al final el sistema frentista colapsará.
Ser persistentes e inclaudicables en la exigencia de la Gobernabilidad y Transparencia significa sin dudas la mejor fortaleza política de la oposición.
El autor es dirigente histórico socialcristiano.
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