Si queremos darle una solución democrática y definitiva a la histórica inestabilidad e incertidumbre política, económica y social que por periodos más o menos prolongados nos ha tocado vivir a los nicaragüenses a lo largo de nuestra historia, e independientemente de quien resulte ganador en las próximas elecciones generales del 6 de noviembre, se debería de formar un gobierno de Coalición o Unidad Nacional, que con verdadero espíritu patriótico una vez instalado, convoque a todos los sectores políticos, gremiales y sociales del país, con el propósito de lograr un gran Acuerdo Nacional por medio de un procedimiento de discusión, debate y aprobación pública, para que nuestro pueblo sea testigo fiel de lo allí acordado.
Este Acuerdo Nacional debería estar orientado a la instauración y fundación de la República democrática que los nicaragüenses hemos deseado, para lo cual es necesario tener una agenda y objetivos claros como:
1.- Lograr la estabilidad política del país mediante el establecimiento de un verdadero Estado de derecho, dentro de un marco de constitucionalidad de nuestro sistema político.
2.- Crear con visión y carácter estratégico políticas públicas nacionales, relacionadas a proyectos de desarrollo energético, de servicios públicos, de relaciones exteriores y otros de carácter económico, fundamentales para el desarrollo social en beneficio de la población en general y de los más empobrecidos en particular.
- Es hora que se produzca ese cambio radical, rotundo y positivo por el cual hemos esperado tantos años, y de impulsarlo hasta lograr implantar la República que también Pedro soñara.
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3.- Establecer un cronograma con plazos cortos para la institucionalización de la democracia; siendo absolutamente necesario realizarlo sobre consideraciones y bases de sustentación auténticamente democrática, nacionalista, y con una actitud y sentido trascendente sobre cualquier interés personal, partidario o sectario.
4.- Una vez instalado el nuevo gobierno de Coalición o Unidad Nacional y logrado dicho acuerdo, se debería convocar a una Asamblea Constituyente para la redacción de una nueva y ojalá la última Constitución que trascienda en el tiempo y sobre los intereses particulares que han prevalecido en todas las trece constituciones anteriores.
Dicho acuerdo debe ser de ineludible seguimiento y obligatorio cumplimiento, independientemente del signo partidario de los futuros gobiernos.
Todas las partes deben despojarse de actitudes egoístas, partidarias y personales en aras de lograr este Acuerdo Nacional, cuyos beneficiados debemos ser todos los nicaragüenses y la Nación misma, al fundar sobre bases sólidas la verdadera República de palpitante y colosal corazón que definiera Rubén, y que la mayoría de los nicaragüenses hemos anhelado.
Si los venezolanos lograron ponerse de acuerdo después del derrocamiento del dictador Marcos Pérez Jiménez, para institucionalizar su democracia en 1958 por medio del Pacto de Punto Fijo, demostremos que también los nicaragüenses somos capaces de institucionalizar la nuestra por medio de un Acuerdo Nacional.
El momento que actualmente vivimos debe ser visto como una magnífica y viable oportunidad para lograrlo, y se podría perfectamente alcanzar siempre y cuando existan las voluntades políticas y el desprendimiento patriótico necesario de parte de las organizaciones y de los diferentes actores para conseguirlo.
Como dijera Pedro Joaquín Chamorro un 26 de mayo de 1961: “Es hora de un cambio radical y rotundo”. Es hora de una Revolución democrática en paz y verdadera unidad. Es hora que se produzca ese cambio radical, rotundo y positivo por el cual hemos esperado tantos años, y ya es hora de impulsarlo con determinación hasta lograr implantar la República que también Pedro soñara, y que hoy los tiempos y la historia nos están brindando una vez más la oportunidad de fundar y convertir a Nicaragua en una verdadera República.
El autor es médico
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