En el siglo XXI estamos presenciando todo un fenómeno económico social en el ámbito de las empresas: la responsabilidad de colaborar con la sociedad, no solo desde el punto de vista de los negocios y el poder del mercado, sino en el de incidir en la comunidad con un enfoque más humano.
La comunidad empresarial quiere empujar cambios positivos en la gente, la ecología, la solidaridad, contribuir al equilibrio en un mundo que requiere cambios menos cosméticos y más profundos.
Cincuenta y una de las 100 economías más grandes del mundo no son naciones sino corporaciones y 300 de las más grandes corporaciones multinacionales cuentan con el 25 por ciento de los bienes activos del mundo (WorldInc, Bruce Piasecki). ¿Qué significa esto? Significa que la política, tanto interna como externa de las empresas tiene gran poder y que los negocios están cambiando al mundo con nuevos productos, tecnología, servicios, procesos, información, confort, etc. Si las corporaciones tienen tanto poder para cambiar a la sociedad, ¿cuánta responsabilidad debe la sociedad demandar de ellos?
En los noventa la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) nació como una herramienta para entrar en nuevos mercados y motivar el comercio global. Una iniciativa de responsabilidad social es un catalizador para cambios en una organización; cambios en las política interna y ética, eficiencia en servicios y procesos internos, mejoramiento de calidad de productos, reducción de costos, entre otros. Estos cambios tienen el objetivo de conectar a las empresas con la sociedad, y así como las empresas reciben algo de la sociedad, ellas aportan algo en retorno. Los modelos tradicionales y antiguos de RSE se han enfocado mayormente en actividades filantrópicas (donaciones a comunidades necesitadas, escuelas, etc.); las cuales no están directamente conectadas a las prácticas de la organización. En pocas palabras, ha sido utilizada primordialmente para manejo de imagen de diversidad de negocios alrededor del mundo, lo que ha sido claramente criticado por los expertos.
Sin embargo, la nueva RSE está interesada en internalizar las externalidades producidas por las actividades de un negocio; ¿cómo afectan ellas al mundo y qué están haciendo para regular esos efectos? Un clásico ejemplo yace en las manufactureras de vehículos. Muchas de ellas como Honda y Toyota han concluido que deben regular las externalidades que causan. Ello los ha llevado a formar fuertes iniciativas de RSE para ser “verdes”, a través de la mejora de sus productos y procesos de manufactura que reducen costos, mejoran la calidad de sus productos y reducen la contaminación del medioambiente, lo cual ha demostrado ser una herramienta para crecimiento y rentabilidad.
Con la RSE estamos hablando de un nuevo concepto: rentabilidad social, capitalización social de los gobiernos, apoyados por la comunidad empresarial que se inserta en problemas de la comunidad, no solo en su entorno de negocios. En Nicaragua existe una gran oportunidad para este programa de RSE, de los cuales hay enlaces e interesados a nivel mundial, ya que aunque el proceso es lento, es educador tanto para los empresarios, los empleados y las instituciones de gobierno. La autora es Consultora, Ingeniera Industrial y MBA.
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