Los sandinistas que se hallan situados al otro lado de la razón, y que por eso nomás siguen cayendo en el fanatismo, estiman que el 19 de julio contiene la misma significación nacional, pero están equivocados porque estos tiempos no son aquellos a los años posteriores de 1979, cuando el pueblo de Nicaragua confió sus “esperanzas” por una transformación en democracia, y lo que resultó fue una extremada enfermedad mucho peor que el cáncer en sus complicadas manifestaciones.
El sandinismo —orteguista— es un virus maligno que tiene postrada a Nicaragua, sin la mínima posibilidad de que esta última se levante. A esta Patria que a todos nos concierne le han aplicado “cambios” que atentan contra su misma naturaleza jurídica, y el orden socio-cultural que debería mantenerse para beneficio de la misma sociedad. A Nicaragua le han hecho perder su identidad; se ha borrado como emblema la paz social, y ha nacido entre escombros la delincuencia institucionalizada como instrumento de terror frente a la ausencia de justicia que acecha a los tribunales competentes, y los vuelve mansos instrumentos de intereses partidarios que avalan la corrupción.
Como un complemento a los males que la República vive, por mandato de sus desnaturalizados hijos, se levantan las cotidianas desigualdades promovidas y dirigidas por quienes ayer nomás se autollamaban “defensores de la Revolución”, y a lo que llegaron fue a convertirse en comerciantes de esa misma Revolución, ya que se volvieron fuertes potentados de toda la riqueza nacional que usufructuaron al amparo del poder a través de una piñata que ha sobrepasado los cálculos de la contabilidad dejando hasta el momento a Nicaragua sumida en la peor de sus desgracias.
¿Cómo puede tener significación nacional una fecha que marca el inicio de una revolución que violó el plan original de Gobierno contenido en el pacto de San José para caer en los muchos abusos cometidos, y que causaron la lógica frustración en el pueblo, y en la empresa privada que dieron todo su aporte para la caída de Somoza, y del somocismo? El 19 de julio dejó de tener significación nacional para convertirse en una fecha indudablemente partidaria. La hicieron de esa manera los que buscaban el poder no para proteger a los más pobres por los cuales decían luchar, sino para volverse millonarios, montar fuertes empresas, formar monopolios, y varias concesiones televisivas que ni la familia Somoza pudo acaparar en cuarenticinco años de mando.
El sandinismo —orteguista— tiene que ser sepultado por la historia. El veredicto de las conciencias libres no puede ser magnánimo con un sistema de gobierno que ha hecho de Nicaragua un patrimonio suyo devaluando constantemente los valores humanos, y restándole méritos a las tradicionales creencias por las cuales se dirige la sociedad. Los sandinistas —orteguistas— celebran cada año lo que ya no tiene importancia. El júbilo por una Revolución que el pueblo creyó de buena fe se ha marchitado para ser nada más una simple referencia en el idioma del tiempo.
El 19 de julio no puede ser una efeméride nacional. Ese carácter ya lo perdió, y expresamente puede ser restituido en las páginas de la historia, cuando en verdad nazca una Revolución en democracia que logre construir una Nicaragua para todos como la soñaron los ideólogos, y los abanderados de la verdadera reconciliación nacional que aún sigue pendiente de darse en nuestro medio.
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