Jorge Toledo

Control interno estatal… … ¿utopía?

No me preocupa el grito de los violentos,

los corruptos, los deshonestos, los sin ética.

Preocupa mas el silencio de los buenos

Martín Luther King

Una exigencia de la administración moderna, tanto pública como privada, es que la gestión se lleve a cabo de forma eficiente y proba. En este orden, nuestro país no hace ningún esfuerzo para aprobar regulaciones conducentes a esta finalidad. Ni siquiera procura crear condiciones para el ejercicio de un control interno permanente que permita a las autoridades superiores contar con una capacidad de observación independiente de las líneas ejecutoras que ayuden en la gestión pública.

El concepto de control, según la cultura latina, es “un examen”, que permite constatar la desviación entre lo previsto y lo realizado. En la cultura anglosajona es “guía, impulso correctivo”, en la que subyace la idea de acción correctiva inmediata. Esta última, como puede apreciarse, tiene una inclinación positiva, dado que existe la noción de proactividad, en el contexto de prevenir, más que de juzgar hechos pasados. Los conceptos son como la luz y las tinieblas, el bien y el mal, la verdad y el error

La dirección del Estado requiere de opiniones independientes y evaluaciones que obedecen a objetivos inmediatos y específicos, tras el propósito de mejorar la gestión de acuerdo a parámetros esencialmente políticos. La comunidad, por otra parte, exige la vigilancia y opinión independiente de agentes externos para que la administración en su función de ejecutar los programas políticos que se le asignan, opere de acuerdo con dichos programas, y con respeto al Estado de Derecho.

Ahora bien, este nuevo significado del control requiere un ambiente distinto del tradicional, en donde habitualmente una instancia fiscaliza el cumplimiento de acciones realizadas por las áreas operativas. El control se orienta a establecer todas las condiciones necesarias para que un equipo ponga su mejor esfuerzo en lograr resultados deseados a través de promover el buen funcionamiento de la organización.

Esto significa reconocer y aceptar que cada persona tiene capacidades para entregar su aporte, tanto en la formulación de un objetivo organizacional como en las acciones necesarias para alcanzarlo. Se debe asumir también que cada individuo requiere de cierta autonomía en el desempeño de sus funciones y, por lo tanto, se aprueban la independencia y creatividad con que actúa. Por último, las personas tienen clara conciencia de que todo su esfuerzo se debe orientar en lo esencial, al logro de un buen funcionamiento de la organización.

El modelo ideal de control público lo constituye una adecuada coordinación entre los órganos externos y un sistema de control interno descentralizado y ágil que se caracterice por poseer un órgano permanente al más alto nivel, con independencia funcional, de amplia cobertura de asesoría a la alta dirección gubernamental en el desarrollo de su gestión.

Sin duda, se está frente a un concepto de control organizacional que no es difícil percibir, y que causa desconfianza en no pocas personas. Probablemente, en alguna medida, producto de la inseguridad en sus medios para asumir un desafío de tal magnitud o quizá más frecuentemente, por la natural resistencia al cambio del individuo. Lo importante es establecer que existen factores que dificultan el cambio a un nuevo concepto de control, y que ellos se deben superar si se quiere lograr el beneficio de esta nueva percepción del control.

Tal vez, uno de los factores más importantes sea el proceso de generar confianza, pues sin ella no es posible lograr del personal alguna actitud favorable al cambio. Proceso que se debe realizar, aun cuando haya serias dificultades al establecer las responsabilidades que emanan de un acuerdo de concesiones mutuas libremente concertado, tras la consecución de un fin superior: la excelencia organizacional.

¿Existe la voluntad política para implementar un sistema de control interno? ¿Nuestras universidades preparan a los profesionales adecuadamente para hacer este tipo de trabajo? ¿La Asociación de Auditores Internos y el Colegio de Contadores Públicos están dispuestos a dar su aporte profesional? Implementar el sistema es un esfuerzo titánico y se necesita la voluntad de todos, gobernantes y gobernados para ejercer un control adecuado de las finanzas públicas que son de todos y evitar los Waltergates.

El autor fue Auditor General del Banco Central de Nicaragua y Consultor de la Superintendencia de Pensiones.
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Opinión
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