“Nunca pensé que las relaciones de pareja fueran tan difíciles, y menos que encontrar a la persona ideal se convirtiera en una misión casi imposible”, afirma Carla de 27 años.
Al igual que Carla, muchas pensamos que cuando comenzamos a sentirnos atraídos por el sexo opuesto todo será color de rosa, y que iniciar una relación amorosa sólo nos traerá felicidad. Sin embargo, hoy en día las necesidades y exigencias de las personas cuando se trata de escoger a su “media naranja” han subido de standard; es por esto que al no encontrar o estar con la persona —según nuestro criterio— perfecta, la relación se convierte en una batalla campal.
¿PARA QUÉ NOS JUNTAMOS?
Según la sicóloga Dinora Medrano, un hombre y una mujer se unen para vivir en paz, armonía y tranquilidad, no obstante, la mayoría no reflexionamos sobre estas necesidades y solo buscamos —en la otra persona— un complemento. “Lo que ocurre es que nos juntamos porque nos hace falta algo o porque simplemente queremos compartir con alguien más”.
“Los hombres buscan una sustituta de su madre, es decir, quien les lave, planche y cocine, mientras que las mujeres queremos tener a alguien a quien darle amor y cariño; estos factores han hecho que las relaciones se vuelvan cada día más insoportables”, afirma la especialista.
Es importante saber por qué y para qué me uno a determinada persona, ya que al darnos cuenta de lo que realmente queremos de una pareja nos llevará a una mejor relación. “Cada uno construye su propia relación, pero sólo la vida, el tiempo y la experiencia dan las pautas para no volverse a equivocar y juntarse, porque ambos están claros de lo que quieren”, señala.
TROPEZANDO CON LA MISMA PIEDRA
“Las últimas relaciones que he tenido han sido una verdadera frustración, en todas he fracasado a pesar de dar todo de mí, siento que estoy pagando por algo porque no he podido ser feliz”, dice Paola de 24 años.
Si algo es cierto, es que sufrimos porque queremos, porque sin darnos cuenta nos involucramos con personas similares y terminamos repitiendo la historia una y otra vez. “Poner un alto a esta situación depende de uno mismo, ya que si yo accedo a meterme con el mismo patrón de pareja a sabiendas de que no llegaré a ningún lado, seguramente fracasaré”, afirma Medrano.
“En el amor tenemos memoria a corto plazo. Solo nos acordamos de lo bueno o de lo malo, pero nunca tomamos conciencia de que ese patrón no nos funciona”, dice.
Tenemos que evitar —a toda costa— ir y venir al pasado, Medrano señala que “hay que vivir el presente, pero con tu pasado, solo así podrás cambiarlo, además, hay que estar claras a lo que nos vamos a meter para no caer en más relaciones inseguras”.
Ya estando conscientes de lo que no nos funciona y nos hace daño, debemos crear un ideal de pareja que cumpla con requisitos reales. “Construir mi pareja haciendo conciencia y crear un parámetro de lo que queremos es lo más idóneo”.
Por otra parte, cuando llegamos al punto de decir “odiar” a los hombres o mujeres porque nos ha ido mal en las relaciones pasadas, debemos analizarnos nosotras mismas del por qué no logramos construir la relación que hemos deseado. “No todas ni todos son iguales ni actúan igual, lo que sucede es que nos sentimos hastiados tras depositar todas nuestras energías en esas personas que nos decepcionaron, por lo que no seguimos dispuestas a confiar en otra”.
En este caso, la especialista aconseja lograr reencontrarse consigo misma y entender que las próximas relaciones no serán iguales si así lo deseas, y aunque es inevitable el miedo al fracaso y a quedarnos solas o solos, debemos tener en cuenta que eso lo decide cada quien.
Según datos estadísticos si la mujer no se casa antes de los 25 años, probablemente no lo hará hasta después de los 30. Aunque estos datos pueden asustarnos e incluso desesperarnos al no sentirnos realizadas como esposas y madres antes de los 30 años, existe un punto muy positivo. “Cuando la mujer está entre los 25 y 30 años su nivel de madurez es mayor. Ya sé es profesional y ya sabe lo que quiere, por lo tanto las probabilidades a volver a fracasar y seguir con el mismo patrón que no nos ha funcionado son prácticamente mínimas”, afirma Medrano.
UN “NEGOCIO”
Es cierto que todos deseamos una relación estable, pero eso dependerá solamente de cada una de las partes. Cuando no hay comunicación, no expresamos nuestros disgustos y no ponemos límites a la otra persona, accediendo a chantajes emocionales por ejemplo, seguramente la relación se irá a pique.
Medrano dice que las relaciones de pareja se deben negociar. “Dame y yo te doy, de esta manera obtendremos lo que queremos y evitaremos caer en faltas de respeto, pero sobre todo en desilusiones”.
TODOS CAMBIAMOS
Debemos aceptar que no existe la persona perfecta, y que la Barbie o el príncipe azul son solamente una fantasía. “El hombre llega a volverse más inestable que la mujer, cuando se da cuenta que el prototipo de 90-60-90 no es de por vida y que en su sentido de búsqueda no existe“, señala Medrano.
Por su parte, las mujeres somos más consientes de los cambios que pueden tener sus parejas, lo que nos lleva a aceptarlos como son desde que los conocemos. “Todos cambiamos si así lo queremos, por lo tanto, no podemos obligar que los demás cambien solo porque nosotras queremos”.
El mensaje es que no nos formemos un ideal que no cumpla con los preceptos que necesitamos en nuestra vida, evitando dejarnos llevar por una apariencia física y sobre todo aceptando a la pareja tal cual es. “Es mentira que las personas no cambian. Ellas pueden cambiar si así lo quieren, pero no debemos presionar al otro porque queremos que sea y actúe a nuestro modo”, dice la experta.
DA LA MEDIA VUELTA
Por otra parte, si ya tienes una relación amorosa y sientes que algo no anda bien, especialistas recomiendan hacer un balance de lo que estás viviendo y buscarle una pronta solución, o simplemente ponerle fin a ese capítulo en tu vida, antes que sea demasiado tarde.
Aquí te menciono algunas de la razones para que le digas adiós a ese “dolor de cabeza”.
1. Discuten por cualquier cosa y no logran llegar a un acuerdo.
2. Sacan a relucir el pasado constantemente.
3. Te critica desde tu forma de vestir, hasta como te expresas frente a los demás.
4. No se divierten juntos y cada quien sale con sus amistades por aparte.
5. Tienen objetivos y planes de vida distintos.
6. Llegan a los golpes e insultos faltándose el respeto.
7. No se sienten atraídos sexualmente.
8. Sientes que su presencia te incómoda.
9. Están en constantes pelas y reconciliaciones, causando un grave daño emocional que puede incidir de manera muy negativa en tu autoestima.
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