Orlando J. Icaza Gallard

El por qué de la Gritería

Escribir en un periódico y en pocas líneas la inmensidad que define el dogma católico sobre la Concepción de María es imposible, quizás un acto de locura.

Se debatió extensamente y por muchos siglos este dogma entre verdaderos santos y no santos, tanto de las iglesias cristianas de Occidente como de Oriente que pretender por un solo cristiano de probarlo es, no quizás, un acto de locura.

La grandeza de María ha sido y sigue siendo proclamada por todas las naciones del mundo. Los musulmanes han profundizado en Ella a tal punto que la santifican en el Corán siendo la única religión no cristiana que la ensalza, acepta y respeta. Grandes figuras protestantes también lo hicieron entre los que están Lutero, Calvino y otros famosos. Teólogos importantes de otras religiones han tenido que bajar la cabeza y humildemente aceptarla después de intensos estudios para negarle su grandeza. Y es que el mayor atributo que Dios reconoce en Ella es su humildad.

Dios hace las cosas que pensamos y no pensamos. Lo que vemos posible y vemos imposible porque su dimensión traspasa los sentidos humanos hasta llegar al infinito de lo absurdo, de lo ilógico y a veces de lo ridículo e irrisorio.

Sí puedo afirmar que casualidades en la salvación humana por el mismo Dios no son superficiales.

Parte de ese proceso de salvación fue la venida de Jesús a este mundo y parte de esa venida es la preservación pura (Purísima) de su Santa Madre la Virgen María. He allí porque la proclaman Inmaculada desde el momento mismo de su concepción. Proclamación que Ella misma confirma en sus apariciones a la niña, ahora Santa, Bernadette Soubirous en Lourdes, Francia, en 1868, cuatro años después de que el Papa Pío IX en su encíclica Ineffabilis Deus declara el dogma de su Inmaculada Concepción el 8 de diciembre de 1864.

La Virgen María es entonces ese puente Inmaculado que nos conecta con Dios para a través de Ella poder llegar puros a su presencia. Quienes la nieguen se hacen más largo y difícil este camino.

Y, no es casualidad tampoco que Nicaragua haya sido escogida por Dios para que a través de su Madre nos acerquemos a Él con la festividad de la Purísima o Gritería.

Es por esto que la celebración de su Inmaculada Concepción con su grito purísimo de “Quién Causa tanta Alegría” es trascendental y no un simple y casual alarde de folclor nicaragüense, pero si un grito de alegría que como un eco recorre y sacude las vértebras de la cordillera central de todas las Américas y donde Nicaragua se pone a la cabeza de la redención humana en María misma su protectora. Es Ella la que eventualmente nos señala el camino a seguir para que nuestra nación salga de todas las desgracias que ha vivido y vive en la actualidad y ayude a otras naciones a redimirse. Y, he allí quizás una explicación al exilio nicaragüense. Exilio que en medio de todas sus tristezas ha contribuido eficazmente a difundir su devoción.

La concepción desde el punto de vista científico es ese mágico momento en que el óvulo es fecundado por el espermatozoide creando al instante un ser humano. Ese momento irrespetado por muchos en la actualidad negándole su sentido existencial y divino (promotores del aborto) es el que Dios escogió para liberar a su Madre de todo defecto espiritual. Es pues un momento muy especial para Dios mismo y por lo tanto es un momento santo que debemos respetar aun fuera de toda lógica científica.

Que se sienta feliz pues Nicaragua con su grito de alegría que ya lleva un par centenarios de sacudir la médula de nuestras almas, porque en él está la mano divina de Dios en redención salvadora. Es un grito que rebalsa fronteras, un grito que nos lleva al cielo y nos hace inmortales.

“¿Quién Causa tanta Alegría? La Concepción de María”.

Opinión
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