ELECCIONES
Tras un recuento electoral sólo importa quién es el ganador. Todos los demás son perdedores.
Winston Churchill (1874-1965),
político británico.
FRAUDE A LA VISTA
Por las lecciones de un pasado frecuente no se puede dudar de los propósitos maquiavélicos de los orteguistas para las elecciones nacionales del 6 de noviembre del 2011. Las experiencias lo dicen todo y se posesiona en la mente de los nicaragüenses el presentimiento de una posible usurpación del sufragio para retener el poder y volver a montar el mismo modelo de la tenebrosa década de los años ochenta.
No permitir observadores internacionales en esas elecciones sería el punto de partida para considerar que el fraude venidero ya se está “cocinando”, mientras los partidos políticos que conforman la democracia sigan indiferentes y apáticos a la necesidad de un verdadero cambio. Los partidos políticos democráticos deben asumir la responsabilidad de unirse, de no alentar confrontaciones de ninguna naturaleza, de ser tolerantes para abrir nuevos espacios en la conciencia ciudadana y darle a este país una transformación efectiva que responda a lo más indispensable que se requiere.
Debemos pensar que Nicaragua es de todos y que en común tenemos deberes y obligaciones. Con una observación electoral que tenga presencia en todo el país y con fiscales en todas las Juntas Receptoras de Votos que velen por la pureza del sufragio, es imposible que los orteguistas se salgan con las suyas. En estas condiciones recibirán una contundente lección y podrán comprobar definitivamente que el pueblo de Nicaragua los rechaza y que ya no tienen cabida en el contexto de la conciencia nacional. No pueden ser depositarios de la fe popular porque han destruido al país; han envenenado de odio la mente de la juventud, y han querido prostituir los caros conceptos de la moral pública. Pero la población sigue obediente a sus humanas creencias, y a los rectos postulados que nuestros antepasados nos supieron inculcar como regla evidente de una formación personal que se ha sabido asimilar para testimonio de una práctica positiva.
Los nicaragüenses no podernos ser evasores de las obligaciones que tenemos para con la Patria. Queremos una República sana, una Nicaragua que sea el reflejo de nuestras sinceras intenciones; una nación donde el respeto por el derecho a los demás se ponga de manifiesto, para luego volvernos dueños de una República que sea el orgullo de muchos, y no la vergüenza de todos.
Hugo Ramón García,
periodista de Somoto.
NO HAY GUERRA EFICAZ
No hay palabras para explicarle a una madre la muerte de un hijo destrozado por las balas. Es una atrocidad de la que no quiero tener culpa, ni siquiera indirectamente. De modo que, aprovecharé estas bravuconadas de Chávez para hacer una condena radical de la guerra.
Es bonita la historia. De pequeño solía ir con mis mayores, militares, a los cuarteles y admiraba los históricos trajes, coloridos, de los soldados. Pero ya grande, me enteré de que muchos países, como Canadá y Australia, se independizaron sin guerras, y hoy son más progresistas que toda América Latina.
En 1870, uno de los más grandes pensadores de América y padre de la Constitución argentina, Juan Bautista Alberdi, escribió, en El Crimen de la Guerra , q ue “el derecho de la guerra, es… el del homicidio, del robo… de la devastación… esto es la guerra… el derecho del crimen, contrasentido espantoso y sacrílego”.
Tomemos, por caso, el paradigma de las guerras “justas“, la Segunda Guerra Mundial (SGM). Ivan Eland, para quién “la Revolución Americana… probablemente disminuyó la libertad… las guerras casi siempre lo hacen”, cuenta que la SGM supuso un aumento del estatismo. El Gobierno asumió el control de la economía que llegó a representar más del 40 por ciento del PIB, además de conculcarse muchas libertades civiles. Las guerras son estatismo y corrupción.
Charlton Heston, afirmó: “Recuerdo estar volviendo desde ultramar en una mañana soleada de victoria al final de la SGM… pensábamos que la libertad rápidamente se esparciría por el mundo, que quedaría libre de guerra y tiranía. Estábamos equivocados. Fue la tiranía (soviética) la que prosperó”. Un análisis objetivo muestra que la SGM no fue la guerra eficaz, necesaria para que Occidente se librara del mal. Se destruyeron ciudades enteras, provocando unas pérdidas materiales que Hitler jamás hubiera logrado.
Un solo homicidio es injustificable sin que importe la ideología, religión o grupo étnico. De manera que las estadísticas no tienen sentido, sólo sirven para graficar. Si Hitler hubiera seguido adelante y hubiera matado a 30 millones de personas, lo que es muy exagerado (todos los judíos del mundo no sumaban 18 millones), hubiera asesinado a menos que la SGM, la que produjo más de 36 millones de víctimas (hasta 60 millones calculan algunos).
En lugar de acabar con una tiranía legitimó a otra, la URSS que, solamente bajo Stalin, cometió más de 33 millones de homicidios. La gran ironía es que esta última dictadura, siendo mucho más poderosa, ya que contaba con imponentes arsenales nucleares, luego fue vencida, sin guerras, por la paz.
La paz se logra desoyendo a los ineficaces violentos. Según Santo Tomás, la violencia es contraria a la naturaleza humana. De modo que, la coacción (la violencia), al desarticular la armonía propia de la naturaleza, provoca tensiones que pueden degenerar en mayor agresividad.
Así los gobiernos inician las guerras. Vía el monopolio de la violencia de los Estados, empiezan por imponer regulaciones que subvierten las relaciones naturalmente pacíficas de las personas dentro del mercado, o las relaciones internacionales con irritantes fronteras, aduanas y demás fuentes de conflicto.
En el siglo XVII “soberanos” significaba: “capaces de hacer el mal con impunidad”. Si Chávez continúa su escalada autoritaria, si cada día aplica más coacción sobre la sociedad y sus vecinos, terminará intentando una guerra. Digo intentando porque, para guerrear, hacen falta dos partes.
Alejandro A. Tagliavini
MIGRANTES MALTRATADOS
Desde España mando esta carta para que sea publicada en LA PRENSA con la seguridad de que la van a leer las personas interesadas.
Desgraciadamente, por razones ajenas a nuestra voluntad, muchos nicaragüenses nos vemos obligados a emigrar a otros países, pero resulta que para venir a España, a veces por el itinerario, hay que pasar por Venezuela. El infierno que allí se vive es terrible para muchas personas, porque nos tratan como si fuésemos delincuentes. Total, sólo es una escala para lo cual necesitamos una simple visa de tránsito, que la traemos, pero la pregunta del millón es: ¿por qué se nos maltrata?
Sobre todo sufrimos una presión psicológica, porque momentos antes de abordar el avión se hace retrasar el vuelo. ¿Qué pretenden? ¿Qué es lo que realmente quieren de los viajeros? ¿Será una forma de pedir algo, concretamente una coima? Esto es tan conocido en nuestros países y estamos luchando por erradicar esa costumbre tan abominable.
Que conste, no estoy acusando a nadie, pero es que no le veo otra explicación a este asunto tan raro, porque a mi hija y mi sobrina las interrogaron durante 30 minutos. A mí me quiso hacer lo mismo una persona que no pude definir si era hombre o mujer quien nos interrogaba mientras hacíamos fila para el trámite.
A muchas personas no las dejan pasar. Don Hugo Chávez dice que los nicaragüenses y los venezolanos somos hermanos, que prácticamente nos cortaron el cordón umbilical con la misma tijera. Entonces, ¿por qué nos hacen este ultraje cuando ni siquiera los europeos —que es a donde vamos a quedarnos— nos humillan como lo hacen ellos? ¿O acaso hay algún tratado que desconozco, que sirva como una especie de colador para impedir nuestra ruta?
Yo, como nicaragüense, exijo una explicación, pues hace unos días pasó casi lo mismo con mi hijo. Y como es la tercera vez que me afecta tal incidente, y en vista de la libertad con la que aprendí a vivir en mi tierra, no me puedo quedar callada y me veo obligada a demandar que me expliquen qué sucede.
Gracias a que leí muchas veces los escritos sobre el más grande de los revolucionarios, Ernesto Ché Guevara, y del ilustradísimo Simón Bolívar, cito esta frase: “Las buenas costumbres, y no la fuerza, son las columnas de las leyes; y el ejercicio de la justicia es el ejercicio de la libertad”. Esto me ha servido de lección en la vida para no permitir injusticias a nadie por ninguna razón y en el lugar que sea.
Espero no molestar a nadie con esta carta, pero sí reflexionar y obtener una respuesta, una solución para que no se siga tratando de forma inhumana a los que tenemos que pasar por Venezuela, en nuestra lucha para poder obtener una mejor forma de vida y con nuestras remesas aportar un poco a la economía de nuestro país, porque en caso contrario no tendríamos con qué pagarle el petróleo a la hermana República de Venezuela.
Rosa Argentina Espinoza
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