Arquímedes González

Una adicción difícil de superar

Las cinco principales cosas que se encuentra el viajero en Houston son los freeway, las ventas de vehículos, las tiendas de repuestos, los talleres y las gasolineras.

Los freeway son carreteras de hasta ocho carriles por vía que se extienden hasta el horizonte. Aquí, aunque la palabra habla de una vía libre, pocas veces se encuentra despejada por más de diez kilómetros pues son millones los vehículos que transitan a diario.

Para quienes tienen prisa, ahora se desarrollan otros highway con el sistema de peaje en el que el conductor paga un dólar con 25 centavos y entra a una carretera un poco más descongestionada, pero en la que igual, miles de automóviles se mueven a gran velocidad por un extenso anillo que cubre la ciudad.

Durante el viaje se pueden apreciar a los lados de la carretera aparcamientos con otros miles de vehículos nuevos de diferentes marcas. Parece una feria al aire libre en la que se anuncian diferentes marcas de autos, desde los Honda hasta los Chevrolet, desde camionetas hasta sedán. Las ofertas son tan atractivas que dan ganas de desviarse del camino para averiguar sobre los fabulosos precios. Las empresas te compran tu auto usado, te ofrecen bajos enganches, tienen a disposición un ejército de vendedores que te invitan a recorrer el parque vehicular y buscan el auto a tu medida y necesidad.

En la ciudad las tiendas de repuestos compiten en clientela con los restaurantes de comida rápida y sus horarios de atención son tan flexibles, que hay varias abiertas las 24 horas del día. Al entrar se ven a diez o más personas haciendo fila para comprar algún repuesto, mientras otras más andan por los pasillos buscando algún aditivo o abrillantador para alargar la vida de la pintura del automóvil. Aquí se puede encontrar desde llantas hasta motores, desde puertas hasta asientos, desde un amortiguador hasta aceite para el motor.

Los talleres están siempre hasta el copete de demanda y tienen horarios de atención que se extienden hasta los domingos por la mañana. Esto es toda una industria pensada milimétricamente para que el cliente se sienta a gusto.

Los trabajos que más encuentran los latinos al llegar a esta ciudad son de mecánica, como ejecutivo de ventas de repuestos o en las llanteras donde se encargan de cambiar las llantas de los vehículos.

Y aunque el transporte público es bueno, casi nadie parece interesado en abordar un autobús, porque si cualquier persona puede comprar un vehículo por sólo 200 dólares, pues hasta el más pobre prefiere conducir a través de las cada vez más atestadas vías.

Hace pocas semanas escuché un discurso del Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en el que hablaba de “poner fin a la adicción de los combustibles fósiles”. Su declaración fue en referencia al mayor desastre ecológico en la historia de su país causado por el derrame de crudo luego de la explosión ocurrida en abril de este año en la plataforma petrolera Deepwater Horizon.

Sin embargo, estos días que recorro Houston, me parece que Obama no logrará avances importantes en la búsqueda de nuevos tipos de energía ni reemplazar los freeway por líneas de trenes, pues no creo que la industria automotriz, los dueños de las petroleras y los consumidores estén dispuestos a desintoxicarse de tanto petróleo.

Opinión
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