Empresa: Unidad económica que combina los factores de la producción (trabajo, tierra y capital) para la obtención de bienes o servicios que satisfagan unas necesidades. Empresario: Persona que con responsabilidad propia crea, toma a su cargo o dirige una empresa.
Estas breves definiciones del diccionario permiten afirmar que todo el que trabaja por su cuenta, que se arriesga para producir bienes o servicios, es un empresario. Igual empresario es el que vende agua helada en los semáforos, pues invierte dinero y trabajo para obtener una ganancia, como los grandes productores que en mayor medida sustentan la economía del país.
De acuerdo con las últimas encuestas, más del 57 por ciento de la fuerza votante desconfía de los partidos políticos y de sus cabecillas dirigentes. En este 57 por ciento están incluidos todos los empresarios, todos los que producen y pagan impuestos. Este porcentaje es el que puede ganar unas elecciones si existen las condiciones y controles para garantizar el voto. Pero esas elecciones, tan pregonadas por los políticos, ya están robadas desde ahora. Hay más de un millón de cédulas que no se han entregado y se anuncia una nueva cédula que se entregará selectivamente.
Nicaragua está en su peor momento de su turbulenta historia. Se habla de unidad para esconder la rebatiña en pos de un puesto público bien remunerado; se habla de liberalismo, pero ese liberalismo no llega más allá del 14 por ciento de los votantes, según las encuestas. El nepotismo, la demagogia politiquera y las “elites pasivas” conforman la mejor base de sustentación de una nueva dictadura diseñada por Fidel Castro y promovida por Hugo Chávez.
En la última reunión del Consejo Empresarial de América Latina (CEAL), realizada en San Salvador, representantes de la empresa privada de varios países aprobaron la confirmación del nuevo quehacer de los empresarios continentales, ya en marcha en algunos países del continente.
La nueva misión que los empresarios reconocieron está en pasar de las declaraciones enunciativas a una línea de acción transformadora, para “recrear democracias saludables que faciliten la inversión y la generación de riquezas, en un entorno de justicia social, y, para ello, hay que dejar de ser elites pasivas”.
En Nicaragua existe (siempre ha existido) un divorcio entre gobierno, empresarios y trabajadores; los grandes empresarios no deben seguir siendo “elites pasivas”, mientras esperan que las cosas se arreglen por inercia, entre tanto los grandes problemas nacionales crecen descontroladamente.
El primordial deber del gobierno es garantizar la seguridad ciudadana y jurídica para promover la inversión. Pero la demagogia, el desorden burocrático y la politiquería, no brindan el menor espacio para fomentar las inversiones. En este aspecto los grandes empresarios pueden hacer buena labor en beneficio de los pequeños empresarios y trabajadores desempleados, si les proporcionan medios materiales para que aumenten su capacidad productiva en sus pequeñas empresas y generen, al menos, un puesto de trabajo.
El destino de este país ya está trazado. Los dos socios pactistas saben lo que harán para mantener el pacto. Cualquier cambio negociado entre ellos es para asegurar un nuevo fraude electoral. La labor política se encamina a convencer a los votantes de sufragar a favor de un liberalismo unido por el pacto.
La nueva dictadura inspirada por el neocomunismo chavista tiene su modelo en la Cuba de los hermanos Castro; y los métodos para eliminar la libertad de empresa, Chávez ya los está aplicando en Venezuela.
El nicaragüense es un pueblo mal nutrido y enfermo, las escuelas se caen a pedazos, algunos hospitales están abandonados a su suerte y han fracasado los programas de salud y educación. Hay que cambiar, pero no para que todo siga igual en esa ruta hacia el desastre.
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