Desde finales del siglo pasado ha venido creciendo en Nicaragua y América Latina el avance de la Sociedad Civil, de las nuevas mayorías: gentes aglomeradas en torno a objetivos comunes como la defensa de la democracia, la libertad, el medio ambiente y la rebelión cívica en general, ante la imposición de modelos económicos en crisis, tanto en administraciones del Estado liberal como del populista.
Recientemente se celebró en Managua la Primera Conferencia Internacional sobre Libertad de Asociación, en la cual se analizó el estado actual de las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) en Nicaragua, América Latina y el mundo, en donde quedaron en evidencia las arbitrariedades y zancadillas de las que son parte en muchos países por gobiernos autoritarios de derecha e izquierda, pero también quedó claro su nivel de influencia y bienestar que éstas aportan a un mundo en crisis política, ambiental, ética y económica.
Temas fuertemente vinculados al derecho de asociación fueron ampliamente expuestos en medio de una amplia expectativa para las instituciones nacionales, así como para los participantes provenientes de cuatro continentes y en los cuales lamentablemente, no se logró contar con ningún representante del Gobierno, lo que habría generado mayores aportes.
Si bien es cierto que el concepto de Sociedad Civil es “multidimensional”, como afirma el sociólogo chileno Gonzalo de la Masa, tomando en cuenta como parte de este espacio heterogéneo su incidencia en la búsqueda de soluciones para paliar la pobreza y abonar al desarrollo social, éste ha venido propiciando una mayor presencia pública desde finales de la década del ochenta hasta la actualidad.
En países como Nicaragua, en donde las libertades han sido amenazadas y el sectarismo oficial, lastimosa y deplorablemente, se ha incrementado poniendo en riesgo el orden institucional (sobre todo en las últimas semanas), la Sociedad Civil ha venido logrando niveles de mayor organización y consistencia, necesarios tanto para su estructuración e interacción social, así como por los aportes a la consolidación del Estado de Derecho actualmente en crisis.
Obviamente que no ha sido fácil. Al igual que la clase política y empresarial, ha enfrentado pugnas internas, vicios de personalismo y figuración, prácticas excluyentes y acoso por parte de las autoridades gubernamentales. Razones que la obligan por lo tanto, a razonar cerebralmente sus pasos y a poner en práctica el ingenio, sabiduría y creatividad para captar más adeptos y alcanzar mayores niveles de liderazgo para el beneficio poblacional.
Volviendo al tema de la Conferencia de Managua, expresaba Feliciano Reyna, presidente del Organismo de la Sociedad Civil de Venezuela, “Sinergia”, que en su país empiezan a propiciarse espacios de tolerancia y comunicación, entre grupos opositores al chavismo y su ansiolítico populismo, y representantes de las minorías más radicales y violentas que defienden a capa y espada al régimen de turno, lo cual es positivo pues demuestra que el diálogo es la herramienta más poderosa y accesible para llegar a entendimientos entre bandos opositores.
¿Será ésta la oportunidad para el fortalecimiento de esas nuevas mayorías en Nicaragua, América Latina y el mundo?
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