El 7 y 8 de este mes de mayo se conmemoran los treinta años de las apariciones de la Virgen María en el pueblo de Cuapa, al vidente Bernardo Martínez, el que habiendo sido sacristán de la pequeña iglesia y muy devoto de la Santísima Madre de nuestro Señor Jesucristo, posteriormente habiendo sido consagrado sacerdote, por poco tiempo desempeñó su función sacerdotal y al haber cumplido a cabalidad su heráldica misión pasó a mejor vida.
Para el pueblo mariano de Nicaragua, que puede decirse es la gran mayoría de los católicos, las benditas apariciones de la madre de la misericordia divina, han sido el mayor regalo que desde la independencia se ha recibido en el triángulo patrio, quizá compensando la casi generalizada celebración a la advocación de la Purísima, que ha llevado dicha devoción a los confines del orbe donde esté ubicado un nica, que le pide devotamente su misericordiosa intercesión.
Testimonio vivo son las, podría decirse, diarias peregrinaciones a Cuapa, a donde miles y miles de promesantes de grupo en grupo van agradecidos a dar gracias por favores recibidos en continuas ocasiones. Han sido tantos los milagros comprobados que el clero católico extremadamente cuidadoso del don de la fe, reconociéndolo monseñor René Sándigo, Obispo de la Diócesis de Chontales, presidirá la Eucaristía en dicha solemne celebración.
En el mensaje recibido de la Virgen María, por el escogido heraldo, a posteriori padre Martínez en Cuapa, es el reflejo de su amor y sumo interés por la salvación integral de nuestro sufrido pueblo, para sacarlo del caos en el que desde su independencia al presente, aún a pesar de su envidiable y potencial riqueza, por el exceso de ególatras ambiciones politiqueras y trifulcas es el dique que estancando el progreso ocupamos el penúltimo lugar de miseria continental.
El mensaje se sintetiza en que seamos constructores de la paz. Que más que pedirla dejando la apatía y la egolatría, de buena fe, al margen de buscar solamente beneficios personales, trabajemos cada uno en su medio y que siguiendo los principios cristianos contando con la ayuda de Dios y armados de auténtico civismo, decididos luchemos con el debido coraje para unidos así conquistarla y logrando la salvación integral sacar al país del fétido atolladero.
Es tiempo de hacerlo. Nunca es tarde. Colaboremos todos los auténticos marianos e incluso los que no lo son, pero que cívicamente conservan el sentido de una patria meritoria de la dignidad donde no se tergiversen los valores, ni continúe considerándose que nuestro país ha perdido la ley de la gravedad, donde el corcho se hunde y el plomo flota, como recientemente lo expuso el doctor Belli, en el que con cívico coraje llama al pan, pan y al vino, vino.
Quiero aclarar que respecto al párrafo anterior no me constituyo en juez. Cada quien un ineludible día ha de comparecer ante el Supremo Juez, que sabrá premiar o castigar; pero como ciudadano al margen de sectores politiqueros, creo que lo más conveniente incluso a los que con ambición de poder son pública y mayoritariamente señalados, por su bien y del pueblo en general deberían retirarse a su vida privada, que así la disfrutarían mejor.
Que María Santísima en su advocación por el privilegio que nos ha dado de haberse aparecido en Cuapa, siga intercediendo por nuestro pueblo y que ilumine a la juventud nicaragüense para que un día no lejano con su espontánea y cívica colaboración, con valores de auténtica honestidad, nuestra Patria ocupe el meritorio sitial de honor que nuestros próceres y muchos más, con nuestro insigne poeta Rubén Darío todos hemos soñado, construyendo así la paz perdurable con verdadera libertad, cimentada en la sólida base de la justicia y la misericordia.
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